La labor de los ministros y ministras que integran el Pleno de la Suprema Corte en funciones hasta el último de este mes, concluyó el diecinueve de este mes en cuanto a su función de resguardo del equilibrio constitucional en el ejercicio del Poder por parte del Ejecutivo y del Legislativo, con un discurso de despedida por parte de su digna Presidenta Norma Lucía Piña Hernández, mismo que refleja fortaleza y responsabilidad frente a los abiertos ataques del poder que, persisten hasta la fecha, y a pesar de ello, cumplir a cabalidad la protesta que rindió de guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanan.
Sus palabras reflejaron la tranquilidad de la Presidenta y de quienes han servido a la nación en la delicada tarea de impartir justicia en el orden constitucional que involucra, la protección de los Derechos Humanos de los Mexicanos, la división del ejercicio del poder, la independencia judicial y el sistema democrático Federal de la República, en los momentos en que se impulsó y pretende debilitar e incluso destruir, el sistema institucional diseñado en la Carta Fundamental.
Al dirigirse al Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, expresó su mayor reconocimiento y gratitud a las señoras ministras y a los señores ministros quienes han integrado este Tribunal Pleno por su nombre incluso, con respeto se dirigió a cada uno de sus miembros sin distinción o sentimiento alguno de afrenta que sufrió por parte de algunas ministras, en las sesiones y fuera de ellas; eso solo es propio de una servidora pública que hace honor al cargo que desempeña y seguramente será reconocida por la defensa que hizo, sin temores, de la función encomendada a la Suprema Corte.
Agregó al levantar la sesión, que culmina un ciclo fundamental de la vida pública mexicana que inició hace poco más de treinta años y que esta historia se ha escrito con debates intensos, disensos fecundos y consensos que, lejos de aplacar la diversidad, han fortalecido el núcleo de nuestra democracia. Este instante, cargado de memoria y de futuro, es un recordatorio de que la justicia no es una obra concluida, sino una construcción viva que nos transciende.
Se refirió el papel histórico de este Tribunal Constitucional y su legado de precedentes y resoluciones han constituido un sólido bloque protector de los derechos fundamentales, garantizando, además, la progresividad de los derechos humanos con ello se demuestra que La Suprema Corte no es solo un órgano del Estado sino la piedra angular de la justicia constitucional, el máximo garante del ordenamiento jurídico nacional y un bastión en la defensa de la democracia constitucional y las libertades de todas las personas.
Resumió que la Suprema Corte ha recorrido un largo camino para construir su legitimidad, la cual se materializó en sentencias las que darán cuenta de ello y que, será la sociedad y la historia misma, las que juzgarán a quienes hemos juzgado. La historia constitucional que se ha escrito aquí no se ha construido solo por quienes ocupamos las sillas visibles: el pulso de la justicia late gracias a quienes, desde sus espacios de trabajo, sostienen el trabajo diario.
Reconoció de manera enfática a quienes, día tras día, en silencio y sin reflectores han sostenido la labor de este Tribunal: al personal jurisdiccional que, al amparo de su constancia de la mayor excelencia profesional, pone los cimientos de las resoluciones que adoptamos colegiadamente. Su labor, muchas veces invisible para el público, es esencial para que las decisiones de este Alto Tribunal se materialicen y, sobre todo, para que se cumpla con el derecho de toda persona de acceder a la justicia.
Concluyó su mensaje como Presidenta del Alto Tribunal con un reconocimiento al personal administrativo y operativo que hace posible que la maquinaria de la justicia nunca se detenga, quienes, con su paciencia, su rigor y, sobre todo, con su vocación han sido el latido invisible de esta institución, defendiendo la justicia con integridad, este país tendrá un horizonte de dignidad y de libertad. La Ley Fundamental ilumina este horizonte. La Constitución debe seguir siendo esa brújula moral que nos guía no como un libro viejo, sino como un pacto vivo que exige renovada lealtad cada día. E
l décimo Presidente del Tribunal Supremo de Australia dijo: “ustedes tienen el privilegio de cumplir las responsabilidades del cargo y están obligados a dejarlo inmaculado cuando llegue el momento de abandonarlo”. Es así que el trabajo de cada uno es la mejor voz y lo que hace cada uno en la labor cotidiana por la justicia es nuestro legado. La congruencia, la ética, el trabajo, la perseverancia, la excelencia, la honradez y la dignidad son y serán la mejor carta de presentación ante el escrutinio de la historia,
Estas palabras sintetizan lo que es la función de las mujeres y hombres que tengan a cargo, en cualquier época, la responsabilidad de velar por el sistema institucional de México, sus valores y los derechos humanos del pueblo frente a la arbitrariedad.
































