Alejandro Cisneros y su hijo Sahian Cisneros son dos artesanos del municipio de Villa Hidalgo Yalálag, que a través de los huaraches mantienen una tradición de más de un siglo. Un legado que también exige de innovación, que se enfrenta al regateo y a la falta de apoyos para su comercialización.
En su familia, Sahian es la quinta generación de artesanos huaracheros de esta población de aproximadamente 1,900 habitantes (INEGI, 2020), en la que la mayoría son hablantes del zapoteco (1,035) y mixe (453). Es también un músico y hablante de la lengua zapoteca.
La vida de don Alejandro transcurre principalmente en Yalálag, en la Sierra de Juárez (antes norte), pero también viaja a la ciudad de Oaxaca y el municipio de Santa Lucía del Camino, donde la familia tiene un pequeño local de venta de huaraches hechos con piel vacuna.
Desde ahí, donde también terminan algunos huaraches, don Alejandro cuenta que comenzó a trabajar en este legado familiar desde que tenía 7 años de edad. A sus 61, y aunque han habido algunos cambios en los procesos e innovaciones en los diseños, señala que la huarachería es un oficio que preservan muchas familias yalaltecas. Es tradición, pero también sustento.
“Ya tiene más de un siglo que empezaron nuestros antepasados y así venimos de generación en generación”, explica sobre una comunidad zapoteca donde la tradición la mantienen: “los Bautista, los Ruiz, los Diegos, los Chinos, los Mecinas, los Cuevas, los Limeta”.
En este local hay algunos pares como los del modelo “Oaxaca slip on”, que la marca Adidas y el diseñador méxico-americano Willy Chavarría presentaron a principios de agosto en Puerto Rico argumentando que son como un homenaje a las raíces de Chavarría.

En medio de la polémica por la apropiación cultural indebida de parte de Adidas y el diseñador Willy Chavarría, padre e hijo artesanos hablan sobre el valor histórico de su trabajo y los retos que enfrentan para su comercialización. Hacer huaraches como estos, dice Sahian, implica una labor de casi tres meses. Pero no para un solo par sino para varios. Aun así no se compara con una producción en masa como el calzado de Adidas.
Los huaraches tradicionales requieren de gran esfuerzo físico y tiempo para tratar la piel, para cortar las suelas y plantillas, para cocerlos, para tejerlos si el diseño lo requiere, entre otros pasos. El resultado es un calzado que dura varios años y que venden en aproximadamente 500 pesos o más, dependiendo del número y diseño. Sin embargo, consideran que su trabajo podría valer más, pero enfrentan el regateo.
“Cuando (en la comunidad) iniciaron la elaboración del huarache yalalteco empezaron con la curtiduría y se hacia el huarache cruzado… Son varios los modelos que se han hecho en Yalálag, no solamente el tejido y en conjunto con varios huaracheros es de lo que vivimos. Esto nos ayuda a solventar nuestros gastos cuando nosotros hacemos nuestros servicios de la comunidad y así seguir dándole vida a nuestro pueblo”, señala don Alejandro.
A propósito de la polémica generada por Adidas y Willy Chavarría, y de que en otras partes del país también se elaboran huaraches tradicionales parecidos a los de Yalálag, Alejandro considera que son diferentes.
“El Michoacan es diferente, al igual de Guanajuato. En todo México hacen huaraches, pero cambia en cada estado, el trabajo de nosotros los yalaltecos dura mucho, por eso alzamos la voz y defendermos lo que es nuestro, lo que es de Yalálag”.
En los últimos días, los huaraches tradicionales mexicanos han estado en la polémica por la apropiación cultural de parte de Adidas y Willy Chavarría. Las autoridades estatales y federales han señalado que se trata de una apropiación cultural de los huaraches de Yalálag y han exigido respuestas a la empresa. Por su parte, el municipio de Sahuayo, Michoacán, y las autoridades de ese estado también han reclamado el origen del modelo de Adidas por ser muy parecido a los pachucos de esa entidad.







































