El día llegó y para algunos fue cumplir con los tamales, pero para otros (principalmente de la feligresía católica) fue el vestir al Niño Jesús para la ocasión y llevarlo al templo para su presentación, como lo fue en su momento el hijo de Dios.
Ni el frío de la mañana ni la protesta en el centro frenaron a las y los creyentes que acudieron a los templos católicos de la ciudad de Oaxaca para que sus niños fueran bendecidos. Las imágenes que representan a Jesús iban de blanco y de otros colores según la creencia, pero también algunas modas que aunque la iglesia rechaza se han popularizado.
En canastos o en brazos, las imágenes religiosas eran llevadas desde temprana hora para recordar la tradición que viene después de celebrar el Día de Reyes o la Navidad. Aunque para muchas personas lo central es el comer y compartir tamales en el Día de la Candelaria, para muchos más lo es cumplir la tradición católica y, como parte de esta, celebrar con tamales y atole.
“Ya que venimos a cumplir con nuestra iglesia, nos reunimos para saborear un tamalito”, contó Natividad, una creyente que junto con su comadre Minerva acudió a la catedral metropolitana para la misa del mediodía, en donde se bendijeron cientos de imágenes del Niño Dios.
Ambas tienen representaciones del Niño que les fueron obsequiadas y que han traído año con año para mantener la tradición, así como María y José llevaron a Jesús a los 40 días de nacido.
“Cuando uno es madrina por primer año, vestimos al Niño como de bautizo”, explicó Natividad. En el segundo y tercer año como madrinas ya se puede vestir a las imágenes como otra representación, siempre respetando la fe católica. Por ejemplo, en esta ocasión, ella llevó a su niño ataviado como el Niño de los Dones y su comadre Minerva como el Niño de la Salud.
Con el ir y venir de creyentes en los templos católicos, la celebración del Día de la Candelaria también se vivió en su expresión más popularizada entre quienes no necesariamente profesan la fe católica, pero retoman de ella sus tradiciones.
Por ejemplo, en el mercado Benito Juárez, al menos dos grupos de locatarios y comerciantes de negocios cercanos se unieron para compartir tamales y atole con quienes pasaban por la zona o ingresarán al mercado.
Incluso hubo quienes efectuaron un rezo previo a la repartición de los alimentos para no olvidar el origen de la tradición.
Degustar los tamales que pueden ser de mole negro, de salsa verde (con pollo o carne de cerdo), de chepil, de frijol, de amarillo o de dulce, pero también de otras variedades, fue parte esencial de la festividad que nuevamente se vivió en la capital oaxaqueña.








































