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En Oaxaca fue un simulacro forzoso

El 19 de septiembre reclamó que se le recordara, que se le hicieran los honores, que se mantuviera presente su memoria con un nuevo sismo de 7.1°


En Oaxaca fue un simulacro forzoso | El Imparcial de Oaxaca

Simulacro forzoso. La orden fue suspender el megasimulacro que se realiza cada 19 de septiembre para demostrar que México es un país que aprendió de la catástrofe de 1985, que causó una cifra indeterminada de personas fallecidas, que va de los 10 mil hasta los 40 mil, dependiendo de la fuente citada.

Ayer, el aniversario 32 del terremoto que tiró los hospitales Juárez, General y el Centro Médico Nacional coincidió con el día 12 desde el sismo que azotó el Istmo de Tehuantepec.

Los alumnos de las escuelas, públicas y privadas, se “salvaron” del protocolo. De escuchar la alarma sísmica, del “salgan en orden, sin gritar y sin correr”, del “vamos todos al patio”. En las oficinas públicas se evitó el riesgo de evidenciar los récords vergonzosos en los que desalojan los burócratas sus espacios de trabajo. Pero el 19 de septiembre reclamó que se le recordara, que se le hicieran los honores, que se mantuviera presente su memoria. Si los edificios no se desalojaron por protocolo se desalojaron por fuerza, por un nuevo arrebato tectónico.

7.1 grados se sumaron a la incertidumbre aún latente entre los oaxaqueños. Un empresario resumía la sensación general: las afectaciones del 7 de septiembre no fueron en la ciudad de Oaxaca, pero todos tenemos un familiar en el Istmo, un conocido y no sabemos qué está pasando.

En las escuelas las alarmas siguen ausentes

En algunas escuelas la alarma ya no existe, en otras está descompuesta, en otras funcionó pero hay otros reclamos para Protección Civil. En la escuela Abraham Castellanos una inmensa mayoría de los 550 alumnos de primaria ya habían salido del plantel ubicado en la calle de Reforma, en el Centro Histórico. Cuando ocurrió el sismo ayer, sólo una decena de padres de familia y estudiantes se encontraban al centro del patio, donde unos círculos verdes marcan las zonas seguras donde resguardarse en caso de sismo, todos debajo de un techo de lámina colocado a más de 10 metros de altura.

La alerta Sarmex sonó con oportunidad, entre 20 y 30 segundos antes de que la ciudad fuera sacudida. El aparato colocado en la dirección del plantel dio tiempo para que quienes aún se encontraban en el edificio se resguardaran.

Desde el pasado 7 de septiembre en la escuela no se ha realizado ningún simulacro; los padres comienzan apenas a organizarse para sellar las ventanas y evitar riesgos mayores en caso de que se quiebren. La directora, Leticia Cabrera, acusa que hay abandono por parte de Protección Civil, de las autoridades. La escuela no sufrió daños por el sismo de la semana antespasada, pero quieren que sus protocolos de seguridad sean revisados, que reafirmen que su actuar es el adecuado.

Dos alarmas, ninguna funciona

En la escuela Francisco J. Múgica, a unos pasos de donde se ubica la alerta sísmica de Calzada de la República, hay dos alarmas instaladas. Ninguna funciona desde hace meses. Una fue instalada por la UNAM y otra es parte de los 6 mil radios que la Secretaría de Gobernación donó a Oaxaca. En realidad es parte de las 2 mil 400 que salieron de las bodegas para repartirse en la ciudad. Hoy ya no está conectada. Hace unos días el director del plantel, Damián Vásquez, recibió una notificación de Protección Civil para solicitarle que recoja un radio nuevo.

El sismo de hace 12 días sacudió la escuela –a la que acuden hasta 600 estudiantes en los turnos matutino y vespertino- y agrietó parte de la barda perimetral del plantel público, uno de los de mayor reconocimiento en la capital. Hoy la pared está acordonada al interior y exterior. Ayer arquitectos enviados por el IEEPO preparaban los trabajos de reforzamiento.

Aún sin clases

En la escuela Moisés Sáenz Garza no hubo necesidad de simulacro ni desalojo. El sismo de ayer sólo tocó a un comité de padres de familia y directivos que supervisan las obras de reforzamiento del plantel, a donde acuden mil 200 alumnos, afectado el pasado 7 de septiembre. Aun no hay clases ni fecha para el reinicio.

Una de las columnas que sostiene la estructura superior fue dañada y hoy se requiere una intervención integral. Otras áreas como la biblioteca, el salón de cómputo y otras aulas resultaron dañadas. El comité de padres de familia espera el dictamen del Instituto de Educación para saber si el lunes se podrá reiniciar el ciclo escolar, “pero hoy la naturaleza se volvió a manifestar”, expresa Marcos José García, director de la escuela, que resultó con afectaciones mayores tras el sismo registrado en 1999, cuando se desprendió una parte importante de la fachada.

Mejores prácticas

En la escuela Ipanti, con 300 estudiantes de cuatro niveles, la alerta del 7 de septiembre fue suficiente para poner en marcha una buena práctica: un simulacro diario. El de ayer se realizó pese a la lluvia. El objetivo es, asegura el coordinador general, Erasto Hernández Morales, mecanizar el proceso para evitar que los sentimientos venzan al cuerpo en un sismo como el que ocurriría horas más tarde. El tiempo logrado ayer por la mañana, 40 segundos para el desalojo, le hace ser optimista. Alrededor de las 13:51 horas, cuando el sismo inició, la mayor parte de los alumnos ya estaban en zonas seguras.

Cancelar el simulacro, al principio, pareció buena idea, “porque aún hay mucho nerviosismo entre la población”, comenta Hernández, pero en un segundo análisis se decidió continuar con la práctica, porque lo que se necesita, asegura, “es saber qué hacer pese al miedo”.


 

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