La ciudad de Oaxaca se encuentra asentada sobre una suave colina al poniente del valle, correspondiente a las estribaciones del cerro de la Soledad, también conocido como El Fortín de Zaragoza. Su primera denominación proviene del templo, hoy basílica menor; la segunda obedece a un episodio militar ocurrido durante la Guerra de Independencia. El templo comenzó a edificarse en 1682, durante el obispado de Isidro Sariñana y Cuenca, concluyéndose en 1690. Siete años más tarde, el convento recibió a las monjas recoletas provenientes de Puebla.
El culto a la imagen de María de la Soledad, representada al pie de la cruz, se inició en esta ciudad y se extendió por todo el estado desde el mismo día en que arribó a la entonces ciudad de Antequera, hoy Oaxaca de Juárez. Por ello, se exponen a continuación las diversas etapas de su llegada, así como la historia de la construcción de su templo, considerando que el origen de esta devoción se remonta a los albores del siglo XVI. La mayoría de los relatos coinciden en atribuir su llegada a un hecho milagroso —aun cuando, a primera vista, reviste plenamente las características de serlo—, consolidándose a lo largo de más de cuatro siglos como una de las devociones más profundas, con presencia constante en la vida de los oaxaqueños y una extraordinaria influencia en la historia de Oaxaca.
La cofradía de Nuestra Señora de la Soledad fue fundada hace exactamente 458 años, el 21 de mayo de 1567, por iniciativa de la Casa Real de Francia, que profesaba una especial devoción a María Santísima en el misterio de la Soledad. Este culto fue introducido en España por la reina Isabel de Valois (13 de abril de 1546 – 3 de octubre de 1568), hija de los reyes Enrique II de Francia y Catalina de Médici, y esposa de Felipe II de España, con quien contrajo matrimonio en 1559.
Ese mismo 21 de mayo, la orden nombró a Isabel de Valois como hermana mayor, con el propósito de redactar los estatutos y la constitución de la cofradía. Años después, ya como reina de España, Isabel llevó consigo un cuadro de la Virgen y solicitó al escultor Gaspar Becerra, nacido en Baeza, Jaén, en 1520 y fallecido en Madrid en 1568, que plasmara la imagen en una escultura. Tras varios intentos fallidos, el artista logró culminar la obra en un tercer intento, inspirado —según la tradición— por un sueño en el que se le indicaba utilizar un tronco de roble que ardía en la chimenea de su casa. Al presentar la escultura a la reina, esta quedó plenamente satisfecha y ordenó que se realizaran cuatro imágenes, las cuales fueron llevadas al Convento de la Victoria de Madrid, perteneciente a la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula.
De acuerdo con el fraile Antonio Aries, quien publicó estos datos en Madrid en 1640, la imagen destacaba por la incomparable hermosura de su rostro y manos. Se determinó que una de estas imágenes fuera enviada a la Nueva España en 1619, llegando ese mismo año al puerto de la Santa Vera Cruz. Meses después, fue trasladada a esta ciudad, en una caja de madera que contenía únicamente el rostro y las manos de la Virgen, acompañadas por una pequeña imagen del Señor de las Angustias.
El envío de ambas imágenes tuvo como destino final la ciudad de Antequera, por disposición expresa de la reina Isabel y su esposo, el rey Felipe, quienes, aun después de fallecidos, dejaron instrucciones precisas para que fueran entregadas al obispo fray Juan Bartolomé de Bohórquez, de la Orden de Predicadores, quien gobernó la diócesis entre 1617 y 1633. Para el traslado fue contratado un arriero cuyo nombre no ha quedado registrado en la historia. Según la tradición, durante el trayecto “se sumó a la recua una acémila” cuyo origen se desconoce.
Tras un largo viaje de varias semanas, la recua pasó por Santa María del Marquesado y llegó a las inmediaciones de la ciudad de Antequera, deteniéndose a la altura de la ermita de San Sebastián, construida en 1528. Como era costumbre entre los viajeros, las bestias se detuvieron a descansar; sin embargo, al amanecer del día siguiente, una de ellas —la que transportaba el cajón— cayó fulminada y murió repentinamente, causando asombro entre los presentes.
Ante el suceso, se dio aviso al cabildo eclesiástico y a las autoridades civiles, quienes ordenaron abrir la caja. Grande fue la sorpresa al descubrir en su interior el rostro y las manos de la Virgen de la Soledad, junto con la imagen del Señor de las Angustias, hoy venerado como “El Señorito” en el Templo del Carmen de Arriba.
Por decisión del obispo Bartolomé de Bohórquez e Hinojosa, la imagen de la Virgen de la Soledad permaneció en la capilla que tuvo su origen como ermita de San Sebastián desde 1532, y que comenzó a edificarse como templo formal en 1620, concluyéndose el 6 de septiembre de 1690. Su consagración estuvo a cargo del obispo Isidro Sariñana y Cuenca, quien estableció como aniversario el 16 de septiembre; no obstante, su festividad principal se celebra el 18 de diciembre, fecha de su llegada a Oaxaca.
La imagen del Señor de las Angustias fue trasladada a la ermita de la Santa Veracruz, edificada en 1532, la cual posteriormente se convirtió en la Capilla de la Caridad. Más tarde, el recinto fue entregado a la orden de los carmelitas, quienes construyeron el Templo del Carmen, concluido en 1696 gracias a los donativos del filántropo Manuel Fernández Fiallo, conocido hoy como el Templo del Carmen de Arriba.
Estos acontecimientos fueron registrados por el primer historiador de Oaxaca, el dominico fray Francisco de Burgoa, quien afirmó haber copiado la tradición de antiguos manuscritos. De esta manera se consolidó la leyenda que relata cómo la mula que transportaba las sagradas imágenes se negó a continuar su camino, dando a entender —según la interpretación religiosa— la voluntad divina de que la Virgen permaneciera en ese lugar.
Las preseas llegadas consistían en un Cristo de la Ascensión y la imagen de la Virgen de la Soledad en rostro y manos. El dictamen del cabildo eclesiástico determinó que la imagen de la Virgen debía permanecer en la ciudad como consuelo espiritual del pueblo oaxaqueño.
El 18 de diciembre de 1620 se reconoce como la fecha en que ocurrió este acontecimiento considerado milagroso.
Historia
Esta narración se encuentra marcada por la leyenda surgida en torno a la llegada de la imagen, acontecida un siglo después del arribo de los castellanos y de la celebración de la primera misa el 25 de noviembre de 1521, a orillas del río Atoyac, bajo la fronda del Huaje milenario.
La evangelización del valle se consolidó a través de la predicación dominica, aunque la primera misa fue oficiada por el clero secular, a cargo del clérigo Juan Díaz, en el llamado Valle de Cortés.
Antes de la llegada de los mexicas en 1486, Oaxaca fue conocida como Luú Laá; posteriormente recibió el nombre de Huaxyacac, hasta que en 1526 se fundó la Villa de Antequera.
La Virgen de la Soledad representa el séptimo dolor de María: la soledad de la Madre tras la muerte de su Hijo. Su rostro expresa el profundo sufrimiento de una madre al pie de la cruz, convirtiéndose en un símbolo de fe y consuelo para generaciones enteras.
Estas palabras serán compartidas con los feligreses que se congregarán el día 16, a las 17:00 horas, en el templo de San Juan de Dios, primera ermita dedicada a Santa Catarina de Alejandría. Esta disertación se realiza por invitación de la parroquia encabezada por el presbítero Ponciano López Chávez y los agentes de pastoral. Quedan todos cordialmente invitados.
Oaxaca de Juárez, Oax., a 15 de diciembre de 2025.
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C.



































