Los pueblos cercanos a la capital de Oaxaca destacan por su diversidad, tradiciones y el toque único que cada uno conserva a través de sus artesanías, gastronomía y celebraciones. La zona de Etla ha ganado popularidad en la última década gracias a su ambiente pintoresco y sus acogedores restaurantes, ideales para disfrutar de una taza de café, relajarse y admirar hermosos paisajes. Cada lugar refleja el estilo y el esmero de sus propietarios, ofreciendo espacios tranquilos y llenos de encanto.
Santiaguito Etla es uno de estos pequeños pueblos que ha cobrado relevancia por sus bellas casas, ahora muy solicitadas en plataformas de hospedaje, permitiendo a los visitantes convivir de cerca con la comunidad local. Además de Santiaguito, la región de Etla comprende pueblos como San Agustín, San Pablo, Nazareno, San Sebastián, Guadalupe, Soledad, Vistahermosa y San José, la mayoría pertenecientes a la Villa de Etla, cada uno con su propia riqueza cultural.

En San José El Mogote se ubica una zona arqueológica de reciente apertura al público, sumando interés a la región. Santiaguito Etla, aunque pertenece a San Lorenzo Cacaotepec, es famoso por sus festividades: cada 7 de marzo se elige a la reina del ejido y el 25 de julio se celebra a Santiago Apóstol, con misas solemnes, rosarios, calendas, convites, bailes, música tradicional y mujeres ataviadas con trajes típicos de las ocho regiones del estado. La fiesta culmina con una verbena popular y la quema del castillo, manteniendo vivas costumbres ancestrales.
En San Sebastián Etla se dice que habitan mujeres de gran belleza, de ahí su lema: “San Sebastián de las Flores”. En todos estos pueblos, la celebración del Día de Muertos se realiza con gran devoción y organización, destacando los mayordomos, el mezcal, los curados y el tradicional mole negro preparado con metate, como antaño, para preservar sabores y tradiciones heredadas.
Una historia de esfuerzo familiar

Desde Puerto Escondido, Anita Hernández y su esposo Juan Alberto Santos Meza emprendieron un negocio familiar partiendo de cero: comprar café en grano a productores locales, procesarlo con esmero y ofrecerlo molido o en grano, listo para llegar a las mesas de sus clientes. Cada etapa, despulpe, fermentación, secado, trilla, selección y tostado, la realizan en familia, cuidando cada detalle para mantener la calidad y el sabor único que distingue su café.
Su esfuerzo dio frutos: su emprendimiento abrió primero en Puerto Escondido y luego sumó una sucursal en el Mercado Zicatela y otra frente a una tienda departamental, conquistando a locales y turistas. Su filosofía es sencilla: ofrecer un buen café a precios accesibles, manteniendo viva una tradición que hoy cruza fronteras.
Liliana de Sharma, una oaxaqueña radicada en Toronto, afirma: “Ese café es el aliento de mi día a día; no puedo dejar de tomarlo y siempre lo llevo de regreso a Canadá”. Así, con trabajo, unión y amor por su tierra, esta familia demuestra que un proyecto hecho con pasión puede convertirse en un verdadero orgullo para Oaxaca.
Fotos: Omar Maya /Gil Obed González








































