Alonso Pérez
Para Shinzaburo Takeda, el maguey no es solamente una planta del paisaje oaxaqueño. Es un símbolo de paciencia, de ritual y de agradecimiento a la tierra. Después de más de cinco décadas de vivir y pintar en Oaxaca, el artista japonés encuentra en esta planta una manera de hablar sobre la relación entre el campesino, la naturaleza y los conocimientos que han pasado de una generación a otra.
Esa mirada está presente en las doce botellas de destilado de maguey de Real Minero que intervino para apoyar al Proyecto Lorenzo Ángeles Mendoza (Proyecto LAM), una iniciativa dedicada a la conservación de agaves y la restauración ecológica en Santa Catarina Minas.
“Es un homenaje al trabajo del campesino. El mezcal es arte líquido y conocimiento ancestral”, expresa Takeda.
Su participación parte de una convicción que ha acompañado tanto su producción artística como su labor docente: preservar la memoria de quienes han construido su vida alrededor de la tierra.
“Mi obra también es obra de conservación de conocimiento de antiguos, también busca preservar la cultura de los mexicanos y de oaxaqueños originales”, explica.
Para el maestro, la figura del campesino es inseparable del paisaje. Su intervención busca reconocer una relación con la naturaleza que reúne trabajo, observación, paciencia y saberes heredados.
“Para mí, Oaxaca es tierra de asombro y respeto, donde naturaleza y campesino son una misma alma. Cuando pinto la tierra oaxaqueña, el maguey siempre aparece, no como planta, sino como símbolo de paciencia, de ritual, de agradecimiento a la tierra por su generosidad”.
El mezcal se debe honrar

La intervención de estas botellas también plantea una reflexión sobre las transformaciones que atraviesa el territorio oaxaqueño ante el crecimiento de la industria del mezcal.
Takeda observa con preocupación la expansión de los monocultivos de agave y sus consecuencias sobre la diversidad de los cerros. En su opinión, el valor de esta bebida no puede reducirse a su comercialización.
Recientemente realizó una obra titulada Diosa del mezcal, con la intención de expresar que esta bebida, a la que considera sagrada, no debe convertirse en una mercancía producida y consumida sin medida.
“El mezcal se debe honrar”, afirma.
“Hoy en día se ven muchos cerritos llenos de maguey. Es una contradicción dolorosa cuando la ambición de vender rompe el ciclo natural de la planta y despoja a los cerros de su diversidad. Esto lastima la base espiritual y social de los pueblos”.
Para el artista, hablar del mezcal implica hablar también de los árboles, el agua, el suelo y las personas que conocen los ciclos de la naturaleza. Su preocupación no se limita a la transformación física del paisaje, sino que alcanza la pérdida de relaciones culturales y comunitarias construidas durante generaciones.
“El verdadero valor del mezcal radica en tiempo y respeto, respeto de árboles, respeto de agua, respeto de tierra y respeto de sabiduría antigua”.
Arte para sanar la tierra

Las doce botellas intervenidas por Takeda formarán parte de la tercera cena de recaudación de Proyecto LAM, denominada Nuestra conexión con la tierra, que se realizará el 24 de octubre en el predio La Carreta, en Santa Catarina Minas.
Los recursos recaudados contribuirán a continuar las labores de restauración de este terreno, afectado por la erosión y los escurrimientos superficiales. Entre las acciones se encuentran la construcción y mejora de obras de captación de agua de lluvia, la retención de suelo y la recuperación de vegetación nativa.
Desde 2018, Proyecto LAM desarrolla trabajos de conservación y reproducción de agaves por semilla, así como prácticas agroecológicas que buscan mantener la biodiversidad del territorio mezcalero.
Mayores informes sobre las botellas intervenidas por el maestro Takeda pueden solicitarse a través del número 55-88-06-46-01 o en la página de internet https://proyectolam.org/.
Para Takeda, la participación de los artistas tiene sentido cuando sus obras pueden establecer vínculos con las personas y contribuir a transformar su entorno. Es una idea que procura transmitir también a sus estudiantes.
“Para mí el arte nunca ha sido un objeto estático sino un vínculo vivo con la naturaleza y las personas. Yo enseño a mis hijitos que el arte es también para generar conciencia”.
Por eso desea que estas botellas tengan una vida más allá de su intervención artística y se traduzcan en acciones concretas sobre el territorio.
“Yo quiero que estas botellas sirvan para conseguir dinerito, dinerito que ayude a recuperar suelos, a captar agua de lluvia y sobre todo a sanar la tierra”, finaliza.









































