Con la participación de danzas y bailes de diferentes pueblos del estado, este lunes concluyeron las funciones del espectáculo de Lunes del Cerro en el auditorio Guelaguetza, en lo que fue la Rotonda de la Azucena.
Uno a uno, cada pueblo compartió en la función matutina una parte de su cultura, a través de las representaciones de mayordomías, las tradiciones previas a algún matrimonio o parte de la historia ligada a la colonización española.
En la octava del Lunes del Cerro, la representante de la Diosa Centéotl, Enid Azucena Torres Agustiniano, señaló que “compartir también es una forma de resistir” y que la guelaguetza va más allá de los bailes y danzas presentados en el escenario.
“La guelaguetza comienza cuando sentimos que nuestros abuelos nos están acompañando, cuando el maíz vuelve a ser sagrado, cuando las montañas tienen nombre, cuando las lenguas originarias tienen voz, cuando nos damos cuenta que la cultura no solo se encuentra en un libro, se encuentra en nosotros mismos y que la vivimos día con día. Oaxaca es un pueblo que ha aprendido a cantar a pesar del dolor, a bailar aun cuando uno piensa que la vida te está arrebatando la esperanza”.
En Oaxaca, agregó la representante, “hemos aprendido que compartir también es una forma de resistir, que la danza es una expresión en la que decimos: aquí estamos, que existimos, que puedan ver una pequeña parte de lo que realmente es nuestra comunidad”.

Tras su mensaje y bienvenida a la edición matutina de la octava del Lunes del Cerro, se dio paso a la chirimía, parte fundamental en varias celebraciones de algunos pueblos. Después, fueron las Chinas Oaxaqueñas de Casilda Flores las que anunciaron que la fiesta había iniciado, y con ellas bailaron el Jarabe del Valle, los monos de calenda, las marmotas y los faroles.
Los sones y chilenas de Santa María Huazolotitlán se disfrutaron en la representación de la mayordomía de San Nicolás Tolentino, que se celebra en el primer viernes de Cuaresma, aunque de su participación también llamó la atención una vestimenta presuntamente de reciente invención, pero con bordados característicos de ese municipio.
El Espinal, pueblo zapoteco, llegó con la celebración del Sábado de Gloria. San José Tengo, con la Lavada de cabeza, una ceremonia que se realiza un día antes del matrimonio y que sirve de purificación simbólica de las manchas del pecado de los bautizados. El Fandango Miahuateco, con Miahuatlán de Porfirio Díaz, también fue parte del programa. Igualmente, los sones y jarabes de Villa Hidalgo Yalálag, lo mismo que la representación de La compañera del chinanteco, de Santiago Jocotepec.
Entre el obsequio de productos por parte de cada delegación y los aplausos y, también se conoció de la festividad en honor a San Matías Apóstol, con la delegación de Matías Romero.
Santiago Llano Grande, como representante de la cultura afromexicana, compartió La Danza de los Diablos, mientras que San Sebastián Tutla mostró la Rendida de culto en honor a San Sebastián Mártir.
Cuilápam de Guerrero se presentó con la Danza de la Pluma, las chilenas y sones volvieron a hacer bailar a varios con la presentación de Santiago Jamiltepec. San Sebastián Tecomaxtlahuaca compartió su danza de Los Diablos y, finalmente, San Juan Bautista Tuxtepec arrancó los aplausos con el baile Flor de Piña.










































