Aquí, amanezco quieto, sin mover ni un músculo,
ni huesos, ni pestañas, voy recién despertando;
tal vez porque mis músculos ya desaparecieron,
será que no los siento, por más que me los palpo…
Parece necesario que, en La Víspera,
tome conciencia todo, y sí, hoy es La Víspera,
mañana será EL DÍA, y no tan sólo otro…
mañana será día de fiesta,
día de carnaval, de libertad total,
Hoy es “sólo” la víspera,
aunque seguro encierra la gran felicidad,
tal vez mayor, quizás, que la de mañana,
y lo digo egoístamente,
porque la de hoy la tengo para mí solo.
mañana…voy a compartirla,
y entonces tendrá sentido… de goce plural,
después de tanta paz, se irá mi soledad,
mi amada soledad, la que no sufro,
tal vez por eso mismo, no digo soledad,
Yo no me siento solo, me siento solitario,
mi “solitariedad”, es todo saturado,
aquí ya no hay espacio, con todos mis pecados,
con todos mis recuerdos, que no se han diluido,
las rejas no limitan en nada mi salida,
la tierra no me atrapa, las rejas no me dañan,
tal vez las diseñaron para que no entre nadie,
porque quizás no quieren que nada entre, nadie.
Nomás me aturde el frío, la luz no me hace falta,
lo helado sí me cala, friolento siempre he sido,
pensaba que aquí abajo, con cobija de tierra,
no me congelaría, pero sí…. hoy soy hielo,
aunque mañana, Dios, me tiene preparado
dos rodillas calientes, mezcal y ron, mañana…
saldré de prisión y al rayo del sol,
mis huesos sentirán calor,
Porque sé que es sentencia, y esas se cumplen siempre,
veinticuatro horas plenas de humana felicidad,
mil cuatrocientos cuarenta minutos para Ser,
para estar con quienes me recuerdan
y con quienes recuerdo y extraño tanto,
mañana veré a los que amo,
y el mundo que extrañé, lo volveré a tener…
Pero estoy cadavérico, y así no debo verme,
no ver así a mi madre y a toda mi familia…
debo conseguir algo, algo menos rascuache,
un frac o algún esmoquin, algo más presentable…
¿Habrá tiendas pa muertos? ¡Ah! y un bombín… y entonces,
sí, mis horas, mis veinticuatro horas,
mis añoradas horas… apenas veinticuatro…
Mañana, amaneciendo, me revisaré completo,
a ver si sigo entero, 205 huesos,
¿o son más? ya no importa… y luego el atavío…
primero, chocolate de agua
que caliente mi esqueleto,
pan divino de yema y un…
¡Záz! mi esqueleto… entonces, mis pestañas,
mis músculos y todo, y todo lo demás…
mmmmm… veré qué puedo hacer…
en este anochecer y con tan poco tiempo,
veré?, jaja, veré?
bue…. mis casi negros ojos, no están en donde estaban,
pero algo me permite percibir el azul de mi cielo…
y tener nuevas ganas, como cuando era niño,
de darle una mordida, de azul, un gran bocado…
Un bocado azul de cielo
y un traguito de sol me volverá alebrije bello,
para ver a mi madre…
¡aaaaahhh! mi madre y sus rodillas…
recostarme de nuevo en sus rodillas
y llorar como siempre,
aligerando el fardo hasta quedar tranquilo,
con su amorosa mano peinando mi cabello,
y sentir amor del bueno,
amor sincero, amor perfecto…
Debo poner entonces huesos a la obra,
del todo prepararme, limpiarme el poco pelo,
el poco que me queda…
o esconderlo muy bien bajo un fino sombrero,
y llenar totalmente de ilusiones mi cuerpo
para no dejar huecos que deformen el traje…
lo inflaré de recuerdos, hasta que esté abrazable…
para empezar la fiesta, pequeña, casi niña,
primero adolescente, bajo “luz mediodía”
rojiza, refulgente… de un sol acariciante,
reconociendo a todos, extraños y parientes,
a esos que me recuerdan,
hasta que el sol caliente…
y entonces… se hará adulta la fiesta
con mezcal y mole negro,
chapulines, quesillo y tlayudas con asiento,
agua’e chilacayota u horchata con jiotilla,
y nieve de sorbete o de leche quemada,
paletas de cajeta o barquillos o frutas,
y en jirones de tarde, con notas esenciales,
la música que cimbra, las frases que me embriagan,
la música de hogaño, y la de mis andares,
y vendrá el ganapán a iluminarnos el momento
con su voz de guitarra, con su voz de sentimiento,
y con sus ocho cuerdas, campanas al oído,
inconfundibles, locas, poéticas, melódicas,
andadoras de calles, ganadoras de pan,
boleros, valses, tangos… “cuál otra, cuál le llena”
y ahí cantaremos, al filo del tiempo…
tango que me hiciste mal, alma, corazón y vida,
vas muriendo en mi recuerdo,
y en verdad no es culpa mía,
como se lleva un lunar, amigos broncos… o vámonos,
y un día después, tres de noviembre,
no me podrá pesar un año más en paz…
A revisarme de nuevo,
no quiero que mi esqueleto vaya a tener un traspiés,
serán unas cuantas horas, pero eso es mejor que nada,
y la víspera es alegre, dicha plena anticipada,
mañana…
Mañana estaremos de fiesta
por un día, insuficiente,
con mis cinco sentidos gozaré ser Ser viviente,
ser Ser por todo un día, por dos docenas de horas,
mañana, tarde y noche… cantando, recordando…
yo, feliz de la vida,
besaré a los que me quieren,
a los que me hacen seguir regresando, regresando…
regresando porque mientras me recuerden,
podré volver…
y con ese sentimiento estaré feliz de la vida,
y feliz de la muerte dormiré el año siguiente,
feliz de la vida, feliz de la muerte…
Primero, chocolate de agua
que caliente mi esqueleto,
oyendo además el canto de mis hermanos, los pájaros
el canto que inyecta vida, el canto que extraño tanto,
aquí abajo no se oyen, aquí no se escucha nada,
de repente, alguna queja de los que vienen llegando,
y… también de los antiguos, aunque de esos, más cansados…
Y parece que esta noche hay otros preparativos,
más murmullos vecinales canturreando como grillos
“mañana volveré al mundo… “mañana veré a mis hijos”
por lo menos aquellos que tienen quien los recuerde,
y les prepare amoroso, un chocolate de agua,
con pan,
pan divino de yema
hecho con las manos de mi madre, de ese que ya no se
halla,
Y un bocado azul de cielo…
y un traguito de sol me volverá alebrije bello,
bueno, para ella, siempre fui y seré bello,
aunque ahora estoy grotesco,
así que, pues, a arreglarme
para ver a mis padres, y sentir amor del bueno,
amor sincero, amor perfecto…
amor perfecto…
Y entonces, se hará adulta la fiesta
con mezcal y mole negro,
y coloradito, adobito, y mole verde de alubias,
y tostadas de salchicha y tamales de hoja’e plátano,
chapulines, quesillo y tlayudas con asiento,
Yy luego nieve de sorbete
o arroz con leche quemada,
o dulces o nicuatole, o cualquier otro manjar,
y entre olores, sabores y colores de mi pueblo,
y entre abrazos y besos, y canciones del recuerdo,
con mis cinco sentidos disfrutando de mi tierra,
olores, aromas puros, olfato, cacao o café,
sabores de agua en la boca, el gusto que probaré,
y azul profundo en la vista, pupilas de amor inmenso,
abrazos de tacto eterno que nos duren sin quererlo,
y música en el oído de un amante de lo bueno,
agradecido de todo, satisfecho de lo bello,
feliz de la vida, feliz de la muerte,
me iré diluyendo, me iré deshaciendo,
me iré adormeciendo, me iré adormeciendo…
me iré adormeciendo,
me iré, me iré. me iré, me iré.
Gil Rivera.






































