Este segundo lunes de octubre, como cada año, se llevó a cabo la celebración en honor al Árbol del Tule, el monumental ahuehuete ubicado en el municipio de Santa María del Tule, Oaxaca. Considerado uno de los árboles con el tronco más ancho del mundo y con una edad estimada en más de dos mil años, el Tule es parte esencial de la identidad local, del turismo estatal y de la memoria histórica del país.
Sin embargo, pese al reconocimiento simbólico y la festividad que lo rodea, el Tule continúa sin un programa formal de conservación a largo plazo, lo que plantea preocupaciones sobre su futuro frente al cambio climático, la contaminación y el crecimiento urbano.
UNA FESTIVIDAD CON RAÍCES PROFUNDAS
Desde las primeras horas del día, miles de visitantes y habitantes del municipio se reunieron para rendir homenaje al árbol milenario. Con música tradicional, rituales y actividades culturales, la comunidad celebró la existencia de este ahuehuete, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en su dimensión natural y simbólica.
El acto más representativo fue el llamado “Ritual del Árbol”, donde asistentes se reunieron alrededor de su base para realizar una ceremonia espiritual, que busca reconectar con la tierra y agradecer la vida del árbol. Más tarde, la jornada se complementó con misas, venta de artesanías, gastronomía local y presentaciones artísticas.
CELEBRACIÓN, PERO ¿Y LA PROTECCIÓN?
A pesar del entusiasmo comunitario, especialistas ambientales han advertido desde hace años sobre la fragilidad del ecosistema en el que se encuentra el Tule. La sobreexplotación de mantos acuíferos, la urbanización descontrolada y la falta de regulación turística son factores que podrían afectar su salud estructural y biológica.
Y aunque autoridades el año pasado manifestaron se integró el Comité de Atención colegiado para fortalecer las actividades de conservación, ciudadanos y vecinos refieren que, hasta el momento, no se ha presentado un plan integral de manejo ambiental, ni existen datos públicos recientes sobre su estado de salud general, a pesar de su relevancia histórica y ecológica.
EL DESAFÍO DE CUIDAR EL LEGADO NATURAL
El Árbol del Tule no solo es un ícono cultural: representa un legado natural que ha resistido siglos de transformación social y ecológica. Sin embargo, su conservación no puede depender únicamente de celebraciones simbólicas una vez al año. Se requiere una intervención técnica, científica y comunitaria que garantice su protección para futuras generaciones.
La fiesta continúa con música y baile, pero la pregunta persiste: ¿se está haciendo lo necesario para que el Tule llegue con vida al próximo milenio?











































