El 5 de noviembre se llevarán a cabo las elecciones para presidente de Estados Unidos de América. Es una de las fechas más esperadas en el ámbito político mundial porque el país del norte del continente americano tiene un peso pesado en la política global. Para bien o para mal.
De este país depende en mucho la paz o la guerra en el planeta; su economía tiene un largo alcance al grado que impacta en los valores económicos y financieros de muchas naciones. Su apoyo a gobiernos, en lo militar o económico, permiten el rescate o la pérdida de equilibrio de los países involucrados; en América Latina conocemos ese brazo retorcido que prohijó dictaduras y golpes de Estado por muchos años.
Pero ya están aquí las elecciones en las que se debate si Donald J. Trump, republicano, quien ya fue presidente de EU (Del 20 de enero de 2017 hasta el 20 de enero de 2021) podrá repetir en el alto cargo, o si es la demócrata Kamala Harris (vicepresidente de EU desde el 20 de enero de 2021 bajo la presidencia de Joe Biden), quien entró en relevo tardío de Biden del que se auguraba una estrepitosa derrota electoral.
En todo caso serán los estadounidenses los que decidan a quién quieren como mandatario de uno de los países más poderosos del planeta, pero también un vecino de difícil convivencia con México.
Durante años la relación entre ambos países se ha mantenido en doble vertiente. Por un lado, los gobiernos de EU, demócratas o republicanos, han visto a México como su patio trasero en donde se movían a sus anchas vigilando e interviniendo en asuntos de política mexicana.
Pero, sobre todo, para ellos el territorio mexicano significa un espacio que quieren cuidar con meticulosidad como parte, dicen ellos, de su seguridad nacional.
Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (1 de diciembre 2018-30 de septiembre 2024) las relaciones con el gobierno de aquel país fueron tensas; no tanto durante el gobierno de Trump, quien llegó a la presidencia de su país utilizando como discurso de fondo el desprecio por México y los mexicanos, a quienes no se cansó de acusar de violadores, drogadictos, despreciables y “greasers”.
Aun así, López Obrador se sometió a sus requerimientos, sobre todo en temas de migración y el bloqueo de inmigrantes latinoamericanos a territorio estadounidense o dejándolos aquí mientras se resolvían sus solicitudes de asilo en EU.
Trump se jactó de que “dobló al gobierno de México” y consiguió —dice— que el gobierno de AMLO apuntalara con 27 mil integrantes de la Guardia Nacional en la frontera norte y sur.
De esto se jactó el republicano en su actual campaña; además, amenazó al gobierno de Claudia Sheinbaum de que, de llegar a la presidencia, intervendrá militarmente a México para acabar con los narcotraficantes que, dice, dañan a los estadounidenses con el envío de drogas naturales o sintéticas.
La ya presidenta de México no contesta ni parece prestar atención a estos dichos, ya que los supone como parte del discurso político en periodo electoral que es cuando —dijo Sheinbaum— ‘se prometen muchas cosas que no se habrán de cumplir’ (aquí habría que preguntar si sus propias promesas de campaña entran en su dicho).
Kamala Harris está, por otro lado, haciendo señales de que no está de acuerdo con lo que ocurre en México en materia de inseguridad, narcotráfico, delincuencia organizada y una economía que afecta los intereses de EU. De hecho, ha insistido en que ella fue una política en California que se opuso al Tratado de Libre Comercio con México. Y sigue en lo dicho. No está de acuerdo.
Pero también ha referido su preocupación seria por el tema migrante, aunque ha matizado —para no crear una crisis política momentánea— en que muchos migrantes contribuyen al enriquecimiento de su país con su trabajo ‘duro y esforzado’.
¿Quién conviene a México en la presidencia de EU en los siguientes cuatro años? En realidad, ya se conoce a Trump y sus excesos. Querrá repetir la historia de “doblé al gobierno de México” presionando y exigiendo, acusando e insultando, como es su costumbre. Es atrabiliario, primitivo y sin cepillar.
Kamala Harris acusa buen trato; da la impresión de que se puede dialogar y negociar con ella para asuntos de fondo, estratégicos, económicos, de seguridad y migración; sin embargo, no deja de tener desacuerdos con la política mexicana y con los desaires que AMLO asestó a Biden…
Tiene en mente el tema de la fragilidad económica mexicana, la inseguridad —que es su propia inseguridad, asegura—, el narcotráfico, el fentanilo, migración y todo eso que sigue pendiente de solución entre ambas partes.
En México se hacen cábalas y se supone que mejor le convendría a México la señora Harris.
No nos hagamos rosquillas: gobiernos republicanos o demócratas, allá, son exactamente lo mismo para México. Ellos velan por sus intereses y no les importa exigir o impactar a nuestro país.
Así que no nos hagamos ilusiones, con uno o con otro México sigue siendo un país “amigo” cuando conviene, pero también un país “peligro” cuando conviene al gobierno de EU. Con demócratas o republicanos nos va exactamente igual, y peor aún si se mantiene la línea anti diplomática que se ha mostrado desde 2019 y hasta hoy. Ya veremos.

































