OAXACA, OAX.— Dibujar una figura humana no consiste únicamente en reproducir sobre el papel lo que los ojos tienen enfrente. Para quienes participan en las sesiones de dibujo al desnudo del Taller de Artes Gráficas y Plásticas Oaxaca (TAGPO), el ejercicio implica aprender a observar, entender las proporciones, identificar volúmenes y traducir luces y sombras en líneas.
Este fin de semana se realizó la séptima sesión de dibujo al desnudo en este espacio independiente y alternativo, que funciona como punto de encuentro para personas interesadas en desarrollar y fortalecer su trabajo dentro de las artes plásticas.
La jornada reunió distintas formas de aproximarse al dibujo y confirmó que, en un mismo espacio, pueden convivir experiencias, estilos y niveles técnicos diferentes.
OBSERVAR ANTES DE INTERPRETAR
Uno de los principales retos de este tipo de práctica consiste en dejar de dibujar aquello que se cree conocer y comenzar a representar aquello que realmente se está observando.

La artista gráfica Doris Rojas Castañeda, participante de la sesión, explicó que trabajar directamente con el cuerpo permite reconocer elementos que difícilmente pueden comprenderse de la misma manera al dibujar objetos.
“Se perciben a la hora de dibujar la línea del cuerpo, los volúmenes, las sombras”, señaló.
Para la artista, esa observación también tiene consecuencias en otros procesos creativos, pues permite adquirir referencias sobre la anatomía humana que posteriormente pueden trasladarse a una pintura o a una obra gráfica.
La experiencia, dijo, también está relacionada con los cambios naturales del cuerpo y con aspectos como las arrugas, los gestos, la mirada y las distintas posiciones que adopta una persona.
ENTRE LA COPIA Y LA INTERPRETACIÓN
Uno de los aspectos que plantea el dibujo al desnudo es la aparente contradicción entre copiar lo que se observa e interpretarlo desde una mirada personal.
Rojas Castañeda reconoce que existe una reproducción inicial de la figura, pero el resultado no necesariamente es una copia exacta.
“Sí, es copiar, pero también uno interpreta algunas cosas”, explicó.
En ese proceso intervienen la percepción, las proporciones y aquello que el artista decide enfatizar u omitir. El papel deja entonces de ser un simple espacio para reproducir una imagen y se convierte en el lugar donde cada participante construye su propia lectura del cuerpo.
La práctica también obliga a resolver problemas concretos: cómo representar una curva, dónde colocar una sombra, qué tan larga debe ser una línea o de qué manera conseguir sensación de profundidad con recursos limitados.
LÍNEAS, SOMBRAS Y VOLUMEN
Durante las sesiones, los participantes trabajan con recursos que van desde líneas y trazos hasta difuminados, degradados, transiciones, texturas, luces y brillos.

Son elementos que pueden parecer sencillos de manera aislada, pero que adquieren mayor complejidad cuando se utilizan para representar un cuerpo humano en diferentes posiciones.
La figura permite trabajar simultáneamente con volumen, espacio, dimensiones y perspectiva, convirtiéndose en un ejercicio que demanda concentración y capacidad de respuesta.
Para Rojas Castañeda, esa práctica tiene además un componente de sensibilidad.
“Conocer la anatomía del cuerpo humano y a la hora también de dibujar te sensibiliza en cuestión de formas”, comentó.
Esa sensibilidad puede posteriormente trasladarse a otras piezas y disciplinas, particularmente cuando el artista busca construir personajes, retratos o composiciones donde la figura humana tiene un papel central.
UN ESPACIO DONDE CABEN DISTINTAS MIRADAS
La séptima sesión también dejó ver una de las características de TAGPO: la convivencia de personas con distintas experiencias y maneras de entender el arte.
En esta ocasión participaron Carlos Hurtado, Estela Montealegre, Painter Moreno, Ignacio García, Doris Rojas Castañeda, Abraham Revilla, Eleonai Rivera, Oswaldo Ramírez, Gustavo Gandarillas, Héctor Chevez y Pedro Pacheco.
La diversidad de estilos forma parte del propio ejercicio. No todos resuelven una figura de la misma manera ni utilizan los mismos recursos, y precisamente esa diferencia puede convertirse en una herramienta de aprendizaje colectivo.
El intercambio entre participantes permite observar otras soluciones, descubrir técnicas y cuestionar la propia forma de trabajar.
DEL EJERCICIO A UNA POSIBLE EXPOSICIÓN
Las sesiones de dibujo al desnudo han comenzado a generar un archivo de trabajos que podría trascender las reuniones periódicas del taller.
La posibilidad de organizar en el futuro una exposición con las piezas producidas durante estas jornadas aparece como una consecuencia natural del proceso.
De concretarse, la muestra permitiría observar algo que una exposición tradicional difícilmente registra: la evolución de un grupo de artistas a partir de una misma práctica y de un mismo modelo, pero con resultados distintos.
Más que presentar únicamente dibujos terminados, podría mostrar las diferentes maneras en que un mismo cuerpo puede ser observado, interpretado y transformado por distintas sensibilidades.
EL DESNUDO COMO EJERCICIO ARTÍSTICO
El dibujo al desnudo continúa siendo una herramienta fundamental para la formación de artistas porque obliga a estudiar el cuerpo más allá de su apariencia inmediata.
En TAGPO, esta práctica también funciona como punto de encuentro comunitario. La experiencia combina aprendizaje técnico, observación y convivencia, pero sobre todo recupera una idea básica de las artes plásticas: para representar algo primero hay que aprender a mirarlo.
La séptima sesión no representa un punto final, sino una etapa más de un ejercicio que comienza a consolidarse en este espacio independiente de Oaxaca. La eventual exposición de los trabajos podría ser el siguiente paso para llevar al público el resultado de estas jornadas de creación.











































