La exposición Numinosa. Buscando a Dios de Siegrid Wiese se presenta desde el pasado 6 de junio en la galería Arte de Oaxaca (Murguía, núm. 105). La creadora oriunda de Ciudad de México arraigada en la capital de Oaxaca, exhibe en esta ocasión dieciséis obras en torno a la inasible experiencia de la divinidad: por un lado, la tradición cristiana se expresa con la reiteración del haz de luz y la figura del triángulo, representación de la santísima trinidad, símbolos acostumbrados en la pintura sacra, por otro, se manifiesta el encuentro personal con lo divino. De manera que el espectador puede esperar una invitación para asomarse a las visiones singulares de la artista ―educada, como ella misma declara, en escuela de monjas―, adicional a reconocer sentidos preestablecidos.
Las pinturas de Wiese envuelven diversas formas reconocibles en la naturaleza más no necesariamente referenciales. En Numinosa el imperio de la vida orgánica no sustituye, sin embargo, a la persona (figuras antropomorfas minúsculas aparecen aquí y allá) como motivo central de la reflexión e intelección acerca de Dios. En el conjunto de las obras sin título, al lado de las cuales se incita a nombrarlas, tiene lugar la sorpresa propia de lo insondable por antonomasia intentado ser representado. Quizás lo que más se acentúa en la exposición en su totalidad sea la búsqueda vinculada a los cuestionamientos que la misma Wiese se hace: “¿A quién sigo?, ¿Quién o qué me ha cuidado?, ¿Quién parece responder mis preguntas en el silencio?”
Los colores de los dieciséis óleos sobre tela que componen Numinosa producen vértigo, un complejo efecto dinámico. Tal es el sello que la artista consigue imprimir a su apuesta plástica, pienso que con la intención de hacer del movimiento (el cambio, el tiempo y también la diversidad), una “definición” en sí misma de lo divino. En todo caso, suscribo las palabras que escribió recientemente Fernando Solana Olivares para referirse al trabajo de Siegrid Wiese: “El signo de la obra creativa excepcional es la poderosa extrañeza y la gran belleza. Extraña por única y atípica, bella por el alcance de su condición”.












































