Stabat Mater dolorosa Iuxta crucem lacrimosa, Dum pendebat filius. Cuius animam gementem Contristantem et dolentem Pertransivit gladius.
Estaba la madre dolorosa junto a la Cruz, llorosa en que pendía su hijo.
Este poema escrito por Lacopone de Todi en el siglo XIII, es un himno medieval que medita sobre el dolor de la Virgen María al pie de la cruz en referencia al pasaje del evangelista San Juan en el que narra cómo María resiste de pie, junto a su hijo crucificado, acompañanda en este sufrimiento por Juan y Magdalena; su antigüedad es testimonio de que el sufrimiento de la Virgen María, formaba parte de las tradiciones cristinas de Europa y Medio Oriente.
El 15 de agosto de 1233 se funda en Florencia, Italia la Orden de los Siervos de María (Servitas), quienes tienen como advocación la Virgen de los Dolores; esta devoción fue muy difundida en Europa y fue la Mariana de Austria quien solicitó al Papa la autorización de un ritual propio de la conmemoración, que finalmente quedó instaurado el viernes previo al Domingo de Ramos, que corresponde al quinto viernes de Cuaresma. Durante el virreinato se establece este culto y devoción en America y Filipinas, donde es considerada una de las advocaciones marianas más difundidas.
El Concilio Vaticano II, dispuso eliminar esta conmemoración del quinto viernes, toda vez que el 15 de septiembre es la fecha en que se celebra Nuestra Señora de los Dolores; sin embargo, la arraigada tradición superó esta medida.
Disponer el altar a la Virgen de los Dolores requiere de la colocación de cortinas de color morado en signo de penitencia; blanco en señal de pureza y dorado para significar la gloria; en el espacio principal se ubica la imagen de la Dolorosa, se adorna con velas y floreros con azucenas en señal de María y Lirios para recordar a Jesús; en América, son tradicionales las banderitas de papel picado y en nuestro país se colocan macetitas de germinados de maíz, chia, trigo, alpiste o lenteja, que se cubren durante varios días para lograr una tonalidad amarilla que semeja la palidez de la Virgen, expresando cada uno de los dolores sufridos, en siete copas de distintos colores que se colocan en el altar.
Durante el día, las personas pasan a rendir respeto a la advocación y se reparten aguas frescas; por la tarde, se reza la Corona Dolorosa o el Rosario de Dolores, y se ofrece a los asistentes alimentos y bebidas. En la ciudad de Oaxaca, visitar estos altares llenaba las calles del centro de personas que iban y venían de una casa a otra; esta costumbre aún se conserva en el municipio de Xoxocotlán, donde cada uno de los barrios se organiza para realizar su altar monumental, independientemente de los que pueden visitarse en casas particulares; durante la noche puede verse a quienes representan a los apóstoles, recorrer todos los altares para hacer una oración especial.
Poetas, músicos, pintores y escultores, se han inspirado en este pasaje del evangelio para crear obras maestras, destacando los Stabat Mater de Rossini, Pergolesi y el del oaxaqueño Juan Mathias de los Reyes. La dinámica de la sociedad actual, la falta de tiempo y espacio, han influido para que esta actividad de participación familiar, de memoria e identidad, poco a poco vaya desapareciendo.
José Demetrio Quiroz Alcántara/ Corresponsalía Ing. Alberto Bustamante Vasconcelos










































