Yo tengo en mi casa algunas cosas judías, heredadas… también tengo un candelabro antiguo de Jerusalén, que mi madre me prestó y aquí se ha quedado, pero el candelabro aparece al lado de algunos santos populares, unas réplicas de ídolos prehispánicos…unos retablos, unos ex votos, monstruos de Michoacán, entre los que se cuentan una pasión de Cristo con sus diablos.
Margo Glantz
El patrimonio generalmente tiene que ver con nuestra herencia, con las “cosas” que pensamos merecen la pena conservar. Al referirnos al patrimonio cultural, estamos hablando de nuestros bienes colectivos.
El patrimonio cultural, así como el natural y el inmaterial, que forman parte de otras clasificaciones, son parte de la identidad de una comunidad y existen estudios que han abordado que sería muy conveniente hacer uso de las emociones para fomentar su apropiación y por ende su conservación, sobre todo en la infancia.
(Santacana y Martínes 2018) Un estudio titulado, El patrimonio cultural y el sistema emocional: un estado de la cuestión desde la didáctica, publicado en 2018 por Santacana y Martínea destaca que normalmente nuestras acciones e incluso nuestros aprendizajes están sujetos a las emociones; hemos planteado ya que poco o nada aprendemos sin la emoción que nos motiva, sin que tenga un significado para nuestra mente. Hoy sabemos que todo pasa por el filtro emocional. Sin embargo, el ser humano necesita siempre de otros seres humanos para mantener vivo el fuego emocional.
En sus conclusiones nos hablan de algunos recursos para hacer atractivas las estrategias educativas, entre ellos, la empatía, la interacción, la variedad y la sorpresa.
En algunos centros culturales o museos de arte en nuestro país, me he percatado que ya se fomentan ejercicios de este tipo con los niños, propiciando la interacción con el material expuesto mediante actividades lúdicas que sería muy bueno fomentar en todas las edades.
Claro que en la infancia es cuando estas acciones dejan más huella. Pero a cualquier edad nos emociona conocer sitios e historias nuevas. La escuela, las instituciones culturales y la industria turística deberían poner más atención en este recurso, que sin duda rendirá frutos, ya sea fomentando el respeto hacia los bienes culturales y en el mejor de los casos, la apropiación de los mismos como parte de una historia colectiva común.
Patricia Chiñas López/Corresponsalía “Ing. Alberto Bustamante Vasconcelos”









































