Primero fue un video: adolescentes con orejas de lobo y máscaras felinas saltando en un parque. Después, la avalancha: burlas, teorías alarmistas, convocatorias falsas y titulares encendidos. En cuestión de días, una palabra explotó en buscadores y timelines: therian.
Pero detrás del ruido viral hay una historia más compleja —y mucho menos escandalosa— de lo que sugieren los memes.
DEL NICHO AL ESCÁNDALO
Durante años, las comunidades therian existieron en foros discretos de internet en Estados Unidos y Canadá. No eran tendencia ni motivo de debate público. Eran grupos pequeños que compartían experiencias de identificación simbólica con animales.
Todo cambió con el algoritmo. Plataformas como TikTok transformaron lo que antes era conversación privada en espectáculo masivo. Videos recortados, retos llamativos y publicaciones fuera de contexto hicieron que una práctica minoritaria pareciera una ola imparable.
Lo viral reemplazó al contexto. Y el asombro se convirtió en pánico.
¿SE CREEN ANIMALES?
No.
La palabra proviene de therianthropy (teriantropía) y describe una identificación simbólica, espiritual o emocional con un animal. No implica una creencia literal de ser biológicamente otro ser vivo.
Esa diferencia —identificarse con versus creer ser— es la línea que casi nunca aparece en los clips de 30 segundos.
Desde la sociología, la identificación humano-animal no es nueva. En distintas culturas existen totemismos, nahuales y rituales ancestrales. Incluso en la tradición occidental, figuras como Diógenes de Sinope utilizaron la figura del “perro” como crítica simbólica a la sociedad.
Lo que sí es nuevo es el escaparate digital permanente.
GENERACIÓN ALGORITMO
Especialistas señalan que la mayoría de quienes se visibilizan como therians tienen entre 13 y 22 años. Es la etapa natural de exploración identitaria. Antes fueron punks, emos o cosplayers. Hoy, la estética cambió y el escenario es una pantalla vertical.
La diferencia es que ahora cualquier expresión puede convertirse en tendencia global en horas. Y cuando algo se vuelve tendencia, también se vuelve caricatura.
¿ES UN TRASTORNO?
No existe evidencia científica que clasifique el ser therian como un trastorno mental.
Psicoterapeutas consultados coinciden en que identificarse simbólicamente con un animal no es, por sí mismo, un indicador clínico. El foco de alerta estaría en el deterioro de la vida cotidiana: aislamiento extremo, abandono escolar, angustia severa.
Pero eso aplica a cualquier proceso identitario, no exclusivamente a este.
El riesgo mayor, advierten especialistas en infancia y adolescencia, es el estigma. La burla masiva puede ser más dañina que la práctica en sí.
EL MITO DEL VETERINARIO Y OTRAS HISTORIAS VIRALES
Otro capítulo del fenómeno fue la ola de publicaciones que aseguraban que “therians pedían atención veterinaria”.
La Sociedad Mexicana de Bienestar Animal aclaró que los médicos veterinarios están legalmente facultados para atender animales no humanos. No existen casos documentados de atención clínica a personas que se identifiquen como animales. La mayoría de estas historias circulan únicamente en redes.
La viralidad crea narrativas. No siempre hechos.
QUADROBIC: ¿RIESGO O MODA FITNESS?
Parte de la confusión se mezcló con el quadrobic, una tendencia deportiva que consiste en correr o desplazarse en cuatro extremidades.
El atleta japonés Kenichi Ito popularizó esta práctica en 2008 al establecer un récord Guinness al correr 100 metros en cuatro patas.
Aunque algunos therians practican quadrobic, no son sinónimos. Como cualquier disciplina física, puede implicar riesgos si se realiza sin preparación, pero no existen estudios concluyentes que respalden los escenarios catastróficos que circulan en videos alarmistas.
¿POR QUÉ NOS INCOMODA?
La pregunta más interesante no es qué significa ser therian, sino por qué provoca tanta ansiedad colectiva.
En una era donde la identidad se construye en línea, cualquier expresión que desborde lo convencional se vuelve material de juicio público. Lo que rompe la norma activa la alarma.
Ser therian, en muchos casos, no es querer dejar de ser humano. Es buscar pertenencia, símbolo y comunidad en un mundo hiperconectado pero emocionalmente fragmentado.
La viralización convirtió una subcultura en espectáculo. Pero el fenómeno, más que un misterio zoológico, es un espejo digital.
Y lo que refleja dice más sobre nosotros que sobre quienes llevan orejas de lobo frente a la cámara.
Con información de Excélsior







































