Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.— La violencia volvió a sacudir esta ciudad istmeña. Un nuevo homicidio se registró a plena luz del día, en medio de un clima de inseguridad creciente y a pesar del reforzamiento de la presencia policiaca, militar y de la Guardia Nacional en la zona.
La tarde del lunes, alrededor de las 14:30 horas, un hombre fue ejecutado a balazos dentro del autolavado “Juquilita”, ubicado en la calle José F. Gómez, esquina con Insurgentes, en la Quinta Sección de esta ciudad.
ATAQUE DIRECTO Y SIN POSIBILIDAD DE DEFENSA
Según versiones preliminares, sujetos armados irrumpieron en el lugar y sin mediar palabra abrieron fuego directamente contra la víctima, sin darle oportunidad de defenderse. Tras el ataque, los agresores huyeron con rumbo desconocido, sin que ninguna corporación policiaca lograra detenerlos o darles seguimiento inmediato.
La víctima fue identificada como Julio S. M., de aproximadamente 68 años, conocido por haberse desempeñado como docente en el plantel Conalep 243 de Juchitán, donde dejó huella como formador de generaciones. Su muerte ha provocado indignación entre sus exalumnos, colegas y la ciudadanía en general.
FAMILIARES RETIRAN EL CUERPO EN MOTOTAXI
Una vez más, la respuesta de las autoridades fue deficiente. Al no llegar peritos forenses ni agentes del Ministerio Público al lugar del crimen en tiempo oportuno, los propios familiares de Julio optaron por retirar el cuerpo con ayuda de un mototaxi y trasladarlo a su domicilio.
La escena fue dolorosa y perturbadora: mientras el cuerpo de un ciudadano era retirado sin acompañamiento oficial, vecinos miraban con impotencia la reiterada violencia que golpea a la ciudad, aún con los operativos y la presencia militar.
UNA CIUDAD ACOSTUMBRADA AL MIEDO
Este nuevo hecho de sangre revive el temor latente en la población de Juchitán, una ciudad que en los últimos años ha visto cómo los homicidios se multiplican, mientras la estrategia de seguridad parece desarticulada o insuficiente. La presencia de elementos de la SEDENA, Guardia Nacional y corporaciones estatales no ha logrado contener la escalada de violencia.
Organizaciones civiles y ciudadanos han expresado su hartazgo ante una inseguridad que se ha vuelto rutina. Lo más alarmante es que estos ataques ocurren en lugares públicos, durante el día, y sin consecuencias inmediatas para los responsables.
EXIGEN RESULTADOS, NO PATRULLAJES
La ciudadanía comienza a cuestionar no solo la efectividad de las fuerzas desplegadas, sino también el destino de los recursos invertidos en seguridad. Para muchos, la presencia de uniformados en las calles ha servido más como imagen que como estrategia real de contención de la violencia.
“De nada sirve ver patrullas si no hay respuestas, si los asesinatos siguen ocurriendo y los cuerpos los levantamos nosotros”, dijo un vecino que presenció la retirada del cuerpo.
UNA MUERTE QUE DUELE DOBLE: POR LO QUE PASÓ Y POR CÓMO PASÓ
La ejecución de Julio S.M., un profesor jubilado y vecino querido, no solo suma una cifra más a la estadística de homicidios en Juchitán. También evidencia la grave desconexión entre los cuerpos de seguridad y la necesidad urgente de proteger a la ciudadanía.
Mientras no haya justicia ni prevención, la impunidad seguirá reinando en las calles. Y como en este caso, serán las familias —y no el Estado— quienes carguen con el peso del dolor y el abandono.






































