La violencia volvió a cobrarse otra víctima en el Istmo de Tehuantepec. La mañana de este lunes, un joven taxista de 25 años fue ejecutado a balazos mientras se encontraba dentro de su unidad de transporte en la colonia La Oaxaqueña, en el municipio de Matías Romero.
El ataque ocurrió sobre la avenida Las Rosas, entre las calles Pino Suárez y Central Norte, a escasos metros del templo cristiano Getsamaní. La víctima fue identificada como Alexis P. V., conocido como “La Alcancilla”. Quien era vecino de la colonia Robles Oriente y trabajaba en el Sitio Demetrio Vallejo Independiente.
DETALLES DEL ASESINATO: UN ATAQUE DIRECTO
Según los primeros reportes, Alexis vestía pantalón formal y camisa blanca. Al momento del crimen, se encontraba al volante de un Toyota de color verde con blanco, placas 9930JH y rotulado con el número económico 05-031TX.
La víctima recibió múltiples disparos de arma de fuego dentro del vehículo, lo que indica que se trató de un ataque directo, sin intento de robo ni confrontación previa. Fue su propio padre quien, tras enterarse de lo sucedido, acudió a la escena y realizó el reconocimiento del cuerpo.
RESPUESTA POLICIAL Y APERTURA DE INVESTIGACIÓN
Elementos de la Policía Municipal acordonaron la zona minutos después del ataque. Mientras que, el personal de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca, del área de Alto Impacto, se encargó del levantamiento del cuerpo y las diligencias iniciales. Hasta el momento no hay detenidos ni se ha revelado un posible móvil del crimen.
La Fiscalía inició una carpeta de investigación por homicidio doloso, aunque los avances en casos similares han sido escasos en la región.
EL ISTMO, UNA REGIÓN BAJO FUEGO
Este nuevo asesinato vuelve a poner en evidencia la normalización de la violencia en el Istmo de Tehuantepec, una de las regiones más afectadas por el crimen organizado, el cobro de piso y la impunidad.
Los ataques contra choferes del transporte público se han vuelto cada vez más frecuentes, en muchos casos asociados a presiones de grupos criminales o conflictos internos por el control de rutas.
Finalmente, la sensación de inseguridad es permanente, y las respuestas institucionales suelen llegar tarde o sin resultados tangibles. Mientras las autoridades aseguran estar “reforzando la seguridad”, los crímenes siguen ocurriendo a plena luz del día, en calles transitadas y sin consecuencias inmediatas para los responsables.







































