Santa María Atzompa, Oaxaca.— La violencia no cesa en la periferia de la capital oaxaqueña. La noche de este miércoles 6 de agosto, fue localizado el cadáver de una persona en avanzado estado de putrefacción en el paraje conocido como camino a “La Vaca” o camino antiguo a San Andrés Ixtlahuaca. Una zona rural que se ha convertido en escenario de múltiples crímenes en los últimos años.
De acuerdo con reportes preliminares, el cuerpo —que estaba atado de pies y manos— fue hallado en el camino que conduce al rancho Los Audelos, en un camino de terracería. La víctima vestía pants gris y una playera negra. Hasta el momento, no se ha revelado su identidad ni el móvil del crimen.
LA ZONA, VINCULADA A OTROS ASESINATOS
El hallazgo reaviva las alarmas sobre el nivel de impunidad en esta región. Según reportes hemerográficos, el 10 de junio de 2024, a tan solo unos metros de este lugar, fue localizado el cadáver de un joven identificado como Osiris. Presuntamente relacionado con el robo de motocicletas.
Vecinos y autoridades locales han denunciado que este tramo de terracería se ha convertido en un sitio habitual para abandonar cuerpos o ejecutar asesinatos. Sin que, hasta el momento, se observe una respuesta clara o efectiva por parte de las autoridades estatales.
LA FISCALÍA MANTIENE EL HERMETISMO
La Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) confirmó que ha iniciado las diligencias correspondientes para esclarecer el crimen. Sin embargo, hasta el momento, no ha ofrecido detalles adicionales, ni ha informado si hay alguna línea de investigación abierta.
La falta de transparencia y la persistencia de hechos violentos en la zona ponen en duda la eficacia de la estrategia de seguridad en los municipios conurbados de Oaxaca de Juárez. Donde se repiten crímenes con características similares sin que se reporten detenidos.
PREVALECE VIOLENCIA EN OAXACA
Este nuevo caso vuelve a colocar en el centro del discusión la situación de violencia e impunidad que se vive en diversas regiones de Oaxaca. El uso de caminos rurales y parajes apartados como lugares para abandonar cuerpos refleja la normalización del horror en zonas donde el Estado parece estar ausente.
Mientras tanto, habitantes de Santa María Atzompa y zonas aledañas viven entre la incertidumbre y el miedo, conscientes de que el siguiente hallazgo podría estar aún más cerca de sus hogares.







































