• Un nuevo ambiente de libertad
Si algún observador acucioso mira a nuestro país en perspectiva vería con absoluta claridad un país dividido políticamente en dos grupos y dentro de uno de ellos diversas corrientes y tendencias. Por un lado, un Presidente con una base política amplia, fuerte y decidida integrada por clases populares, según las últimas encuestas con un 62 por ciento de aceptación y simpatía y por otro, una serie de grupúsculos furibundos, desesperados que forman una oposición visible con planes concretos para dificultar las acciones del gobierno, generar conflictos al interior del país y crear condiciones de ingobernabidad en ciertas áreas.
Las expresiones son muy claras, algunos enemigos de AMLO operan abiertamente dentro de la sociedad y tienen seguramente, ligas con el crimen organizado.
Todo indica que existen personajes que arman y pagan a una serie de pandillas para realizar un acto brutal cada semana, que llene al país de indignación, desconsuelo y ocupe los espacios noticiosos con notas rojas. Existen también grupos de violencia social, como los que toman la UNAM, realizan manifestaciones agresivas, provocan a la Guardia Nacional, al ejército y matan policías. Es verdaderamente imposible que no se sepa quiénes son las encapuchadas que violentan la ciudad, quienes las patrocinan y donde viven.
Uno de los problemas que no había existido en las anteriores administraciones es la formación de una serie de grupúsculos con una oposición tan definida para sabotear los programas de gobierno.
¿Qué está ocurriendo? Estamos viviendo, por una parte, un ambiente de libertad desconocido para los mexicanos, somos una nación a la cual le han soltado sus cadenas. Se dejo de comprar a la prensa y ahora son libres de escribir lo que desean o de venderse a quien ellos quieran, los trabajadores están siendo libres para elegir a sus diriges sindicales, las mujeres encuentran el espacio y la posibilidad de exigir sus derechos, salir a la calle o en las redes sociales gritar sus demandas. Existe por primea vez atención a las carencias de las mayorías. Vivimos y disfrutamos un ambiente de más libertad, tenemos un país donde se puede decir todo. Hay un clima para que se manifiesten todas las corrientes del pensamiento. El derecho a disentir sin violencia. El Estado no va a usar la violencia contra los ciudadanos.
Un amigo y maestro que ha tenido puestos de elección popular muy importantes, comento hace unos días que los gobernantes tienen que conciliar intereses, armonizar a los grupos y darles líneas firmes de trabajo y acción. No dividirlos.
Sin ánimo de contradecirlo le comenté que eso ha hecho el Presidente de México, pero con los grupos que patrocinaban y llevaban a cabo actos de corrupción y violencia no es posible armonizar, ni conciliar. Ellos quieren más de lo mismo. Ellos son los que están generando las voces disonantes y violentas. Por lo pronto, ahí va la Cuarta Transformación, es una nueva sociedad plural y diversa, con debates y confrontación de ideas, con respeto y sin violencia. Con respeto a los derechos de los otros y a las fronteras de cada uno. El país ya cambio y crecer o transformarse a veces duele.
Vivan las mujeres
Durante mi niñez y adolescencia vi como 10 veces las películas “ATM” y “Que te ha dado esa mujer” que filmaron Pedro Infante y Luis Aguilar. Muchos años después volví a ver en la televisión esas lesiones de machismo mexicano y de trato discriminatorio a las mujeres, de violencia generalizada contra el sexo femenino en la que nos educó el cine mexicano y a toda mi generación. Confieso que fui un alumno destacado. El cine, la conducta en la casa, la escuela, la vida en general, constituía una lección permanente y eterna de machismo y violencia contra las mujeres.
Así como yo, millones veían el cinematógrafo y aprendí la lección de violentar la vida familiar, situación de la cual me arrepiento, -como casi todos los mexicanos- ya que el cine era la única diversión masiva, pero aprendieron a comportarse como machos. Esas películas sintetizaron para mí y para México la cultura del machismo y la relación con las mujeres. Lo más grave de todo era que las mujeres contribuían con su actitud a ese modelo de vida sometiéndose tranquilamente, en forma natural al dominio del macho. La mujer era para la casa, atendiendo al marido y a los hijos e hijas. El adulterio en el hombre era tolerado y admitido como parte de los usos y costumbres, en la mujer era un escándalo publico, el alcoholismo era aceptado en el hombre, el maltrato a la mujer se veía como una característica más del matrimonio; la escuela y la iglesia aconsejaban que la mujer en los casos desesperados cargara con esa “cruz” que dios les había mandado.
Afortunadamente estamos transformando también esta cultura. Bienvenida por mis hijas, nietas y por las mujeres en general, esta nueva cultura. Donde ellas protestan, exigen, marchan. Hacen acto de presencia y de ausencia para exigir sus derechos. El camino más largo empieza por un primer paso. Apoyemos la vida más justa y respetuosa de todos los seres humanos. ¡Vivan las mujeres!



































