El cambio climático y las actuales condiciones que imperan en el ambiente en nuestro país como en nuestro estado, deben obligar a establecer nuevas estrategias e invertir recursos económicos, materiales y humanos para tratar de reducir al mínimo posible los efectos de los incendios forestales.
Si bien desde hace décadas se ha venido desarrollando una estrategia general de prevención y control de incendios forestales, sistematizada a través del Programa Nacional de Prevención de Incendios Forestales, y en cuya aplicación participan instituciones de los tres órdenes de gobierno, organismos civiles y voluntarios, hoy todo ha cambiado.
El fuego desempeña un rol importante dentro del ciclo vital de los ecosistemas forestales que al igual que otros fenómenos naturales, frecuentemente se convierte en problema a partir de la intervención humana. Hoy es indispensable la difusión y la información como herramientas clave para la prevención de estas conflagraciones, y por ello, es prioritario informar a la sociedad sobre los acontecimientos y acciones derivados de los incendios que se registran en el territorio.
La información reafirma su eficacia para ampliar y profundizar la visión social existente acerca de los recursos forestales y el uso del fuego. Una perspectiva integral sobre este fenómeno sin duda motivará una acción cívica que impida que la negligencia, la indolencia o la ignorancia continúen siendo el origen de miles de incendios forestales cada año. Sin duda, la protección contra incendios forestales debe ser el conjunto de estrategias y acciones dirigidas a la prevención y control de incendios forestales dañinos.
Hoy se necesita reforzar las acciones de prevención con el fin de lograr la concientización de la población en la importancia de la conservación de los recursos forestales y aplicar medidas de manejo de combustibles vegetales con el objeto de reducir el riesgo de ocurrencia de incendios forestales.
Salud integral
Con la estimación de que en 2050 habrá 49.4 millones de personas mayores de 70 años en el país y con una desigualdad cada vez mayor, el sistema público de salud debe empezar a trabajar en estas prioridades. El planteamiento es poner atención al tema demográfico y preparamos en materia de servicios de geriatría y gerontología o nos vamos a equivocar.
La edad promedio del mexicano se sitúa actualmente en 27 años, algo que no evita que vaya a sufrir incrementos significativos con el paso de los años, ya que es el destino demográfico de las sociedades. Ante un escenario poco alentador, es urgente alcanzar un sistema fuerte de sanidad pública ya que en el país existen niveles de pobreza y de desigualdad que no aguantarán sin esos servicios.
El reto es cerrar las brechas que señalan las diferencias entre los que tienen y los que carecen, de lo contrario se acentuarán los problemas. Hablar de salud no solo se refiere a la ausencia de alguna enfermedad, sino a la plena capacidad para trabajar, estudiar y desempeñarse con mayor dinamismo en todas las facetas de la actividad social y todas las etapas de la vida.
Con el esfuerzo de todos los trabajadores de las instituciones del sector salud es necesario contribuir a brindar mejores servicios médicos a la sociedad mexicana, y con ello, elevar los índices de desarrollo humano en nuestro país, ya que 33 por ciento de las y los niños, así como el 70 por ciento de las personas adultas, padecen sobrepeso y obesidad, principales factores de riesgo asociados a este padecimiento.
En Oaxaca la diabetes es la primera causa de muerte en adultos, después de las enfermedades cardiovasculares, derivadas de la hipertensión que son provocadas por la obesidad y el sobrepeso. Los pacientes se quejan de la falta de una atención adecuada y escasez de insumos para atender, pues pacientes que requieren de diálisis o hemodiálisis, complicaciones derivadas de la diabetes.



































