En los estados totalitarios o dictaduras, las instituciones languidecen, al igual que las libertades esenciales para la convivencia humana y para dejar obviamente a la sociedad en total indefensión y sujetas a los caprichos o berrinches de sus gobernantes, que encabezan una oligarquía cruel y despiadada, que oprime al pueblo, que generalmente está integrado por gente ignorante, inculta y aborregada. Este breve resumen nos hace un fiel retrato de lo que México está padeciendo o empieza a padecer, cegado por la verborrea demagógica de un sofista que disfrazado de redentor, promete utopías que sus seguidores creen a pie juntillas.
El pueblo, la gente, no se da cuenta del peligro que encierra una dictadura cuyo objetivo siempre será el de acabar con las elementales libertades del hombre, para sojuzgar y la sociedad parece ignorar dicha y cruel situación, por cobardía, por comodidad o simplemente por indolencia y únicamente protestarán cuando el agua les haya llegado al cuello y se den cuenta que ya es demasiado tarde.
En México, se han cooptado las instituciones con un gobierno a “modo”, que se ha apoderado de las instituciones que garanticen su libertad, como son: La Suprema Corte de Justicia; La Fiscalía General del Estado, el Senado y la Cámara de Diputados, el ejército, las policías, los tribunales electorales y todas esas instituciones que daban certeza y veracidad al pueblo, que hoy al maniatar dichos organismos y privatizarlos presidencialmente hablando, la libertad habrá desaparecido de nuestra tierra y daremos paso a una dictadura, que a lo mejor como Porfirio Díaz, logremos la paridad del peso con el dólar y las pocas obras magnas que se construyeron en el siglo pasado. ¿Pobre México?
































