Las cifras de oaxaqueños que no alcanzan a ser atendidos en los servicios de salud en Oaxaca cada vez son más alarmantes y los reclamos por alcanzar la cobertura universal se oye cada vez con mayor fuerza. Al margen de construir más hospitales y centros de salud, comprar más equipos o contratar más personal para ese propósito, se perdió de vista el elemento clave sin el cual poco o nada se puede hacer: calidad.
En salud una atención de calidad es tan importante, que su ausencia tiene repercusiones no solamente sobre la eficiencia del sistema de salud o la percepción que los ciudadanos tienen de él, sino que, literalmente, puede costarles la vida.
El 31 de agosto de 2022 se publicó́ en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el decreto de creación de IMSS-Bienestar y la desaparición del Insabi, y desde entonces hay incertidumbre en los contratos del personal de la salud. En este proceso de traslado al IMSS-Bienestar, los médicos, enfermeras y enfermeros, paramédicos, y diversos especialistas, denunciaron que se les contratará como personal nuevo, con el tabulador inicial más bajo, tendrán recortes salariales y no se reconocerá su antigüedad.
Este conflicto demanda de buscar fórmulas que garanticen la estabilidad laboral de los profesionales sanitarios, que aseguren una transición adecuada al programa IMSS-Bienestar y que, al mismo tiempo, protejan los intereses de los ciudadanos en términos de acceso a servicios de salud de calidad. El Sector Salud requiere una transformación que le permita generar mejor y más salud con los recursos actualmente disponibles, al mismo tiempo que mejore su respuesta hacia los individuos y las colectividades para mejorar de manera sustancial la equidad y la calidad con la que se prestan los servicios.
Abatir pobreza
En nuestro país la pobreza y la pobreza extrema históricamente han tenido un rostro rural; sin embargo, en la actualidad nuestro país es predominantemente urbano y la concentración demográfica en las ciudades y zonas metropolitanas ha traído consigo fenómenos de exclusión, desigualdad, desempleo y pobreza. Es un proceso que está relacionado con la falta de crecimiento económico y de desarrollo de la sociedad, pero también con atributos vinculados al territorio, es decir, diferencias en la especialización económica local y distribución espacial de la población.
Los recursos económicos son un elemento esencial en la vida de las familias urbanas, sus ingresos les permiten adquirir los alimentos, ropa y calzado, cubrir las necesidades del hogar y pago de servicios, pagar el transporte público o privado para ir a la escuela o al trabajo, asistir al médico, tener la oportunidad de acudir a eventos culturales y de recreación, entre otros. Hoy el ingreso se mantiene como uno de los factores que influyen en la pobreza y es uno de los problemas que requieren de pronta solución.
De ahí que tanto el gobierno federal como la administración estatal deben de estar preocupados por el aumento de la pobreza en zonas urbanas, debido a que en éstas las carencias pueden derivar en resentimientos sociales y delincuencia con mayor facilidad que en las áreas rurales. Combatir esta pobreza urbana no merece dilación porque estos contrastes, esas desigualdades que se dan en las ciudades generan un clima de más violencia, de violencia social, ya que desigualdad que se genera en las ciudades causa encono y resentimiento.
Algunos problemas como el robo a transeúntes o en el transporte público reflejan la relación que existe entre pobreza urbana y violencia social, son lugares donde de manera reincidente no hay una presencia institucional del Estado mexicano de manera notable. Existen los servicios urbanos, pero son precarios, como también los servicios educativos, pero son de mala calidad. Sí existen servicios de seguridad pública, pero son deficientes. Y esto, entre el hacinamiento, la falta de oportunidades y las condiciones precarias de vida, genera cierto tipo de violencia.




































