En México el 33 por ciento de las niñas y niños, así como el 70 por ciento de las personas adultas, padecen sobrepeso y obesidad, principales factores de riesgo asociados a la diabetes. En Oaxaca, la diabetes es la primera causa de muerte en adultos, después de las enfermedades cardiovasculares, derivadas de la hipertensión que son provocadas por la obesidad y el sobrepeso.
Pese al recurso millonario destinado para combatir la enfermedad, es insuficiente; en Oaxaca, los pacientes se quejan de la falta de una atención adecuada y escasez de insumos para atender, por ejemplo, a pacientes que requieren de diálisis o hemodiálisis, complicaciones derivadas de la diabetes.
Dentro de los parámetros sobre los que se determina lo bueno o malo del servicio del sistema de salud en México, tres son los factores más importantes que son valorados por los mexicanos: la lentitud del servicio (44%), el tiempo de programación de cirugías (47%) y los tratamientos y terapias disponibles (43%), siendo las principales áreas de mejora en la atención brindada.
Sin embargo, los temas que atañen directamente al servicio no son los únicos problemas; lo que más grave se considera como problemas a atacar, son: la corrupción (26%) y la falta de fondos suficientes para el sistema de salud (26%), en ambos casos, siendo el Estado quien debe buscar la solución pronta para mejorar, los problemas que anteriormente se señalaron dentro del sistema de salud mexicano.
Con la estimación de que en 2050 habrá 49,4 millones de personas mayores de 70 años en el país y con una desigualdad cada vez mayor, el sistema público de salud debe empezar a trabajar en estas prioridades. El planteamiento es: ponemos atención al tema demográfico y nos preparamos en materia de servicios de geriatría y gerontología o nos vamos a equivocar.
Ante un escenario poco alentador, es urgente alcanzar un sistema fuerte de sanidad pública ya que en el país existen niveles de pobreza y de desigualdad que no aguantarán sin esos servicios. El reto es cerrar las brechas que señalan las diferencias entre los que tienen y los que carecen, de lo contrario se acentuarán los problemas.
Atlas de riesgos
Debido a que los Atlas de Riesgos representan una herramienta indispensable para los pueblos y comunidades de Oaxaca de tener conocimiento de los peligros y amenazas a los que está expuesta la población, es necesario su constante actualización para adoptar las medidas preventivas ante posibles desastres y siniestros.
Convocar a las autoridades de la entidad a elaborar o actualizar sus Atlas de Riesgos Municipales, permitirá enfrentar y actuar ante los desastres climáticos que incluyen varios tipos de tormentas, daños a las líneas de costas, las sequías, las inundaciones, el granizo, los rayos del sol y los incendios debido a causas naturales, además de huracanes tropicales que son la catástrofe natural más extendida y dañina.
Si bien hace años se elaboraron los primeros esbozos de planes de protección civil para el estado con la perspectiva a la prevención y mitigación de daños de fenómenos naturales sobre la población, al paso del tiempo se han convertido en obsoletos y en el peor de los casos, simple y sencillamente no existen.
El objetivo debe ser proporcionar información básica regional de la distribución de zonas de erosión, deslizamiento de terrenos y sismicidad del estado, con el propósito de integrar información digital disponible en un sistema de información geográfica que permita la visualización y la consulta de los atributos de los temas tratados.
Son una herramienta indispensable para tratar de entender todos estos fenómenos y poder enfrentarlos, pues sin duda, los peligros naturales se deben a circunstancias naturales que ponen en peligro el bienestar del ser humano y su medio ambiente. Los riesgos más conocidos son los que se materializan de forma episódica, a menudo con alcances catastróficos. Con todo, hay riesgos continuados cuya naturaleza resulta menos obvia, como los relacionados con la radiactividad natural o los metales tóxicos presentes en la naturaleza.
Por ello, urge trabajar de manera constante y permanente para ubicar los puntos vulnerables respecto a la sismicidad, erosión y deslizamiento de masas, para que las instituciones gubernamentales posteriormente realicen programas de información y prevención de desastres.


































