Uno de los idiomas en inminente riesgo de desaparecer es el ixcateco, una lengua con menos de 300 hablantes en Oaxaca, y del que no se cuenta con registro para su supervivencia. Otras lenguas que han visto reducir su número de hablantes son el zoque, el chocholteco, el amuzgo y el chontal.
A través de políticas públicas, se debe buscar su rescate, promover programas de inclusión en donde se inculque a los niños y niñas el amor por su cultura y se enamoren de ser indígenas. Entre las lenguas indígenas perdidas, algunas ni siquiera se lograron documentar y solo se sabe que existieron en algunas comunidades gracias a cuestiones históricas.
Las lenguas más vulnerables son aquellas que no tienen forma escrita y al no tener ninguna clase de registros escritos, la cultura desaparece con ella. Tal es el caso de varias lenguas indígenas en nuestro estado, donde hasta hace poco solo pocas personas hablaban la lengua del ixcateco como también pocos chochos o chocholtecos la practicaban. Otras lenguas que han visto reducir su número de hablantes son el zoque, el zapoteco, el cuicateco y el chontal.
Hasta hace poco en Oaxaca había 1 millón 165 mil 186 personas mayores de 5 años que hablaban alguna lengua indígena, mientras que a nivel nacional de cada 100 personas que declararon hablar alguna lengua indígena, 14 no hablan español.
Alrededor del 60% de las lenguas mexicanas están en riesgo de desaparecer, cada una en distintos momentos, porque no se les valora, no se les usa y han sido arrinconadas a espacios muchas veces comunitarios y fuera de ellos dejan de usarse.
Lo anterior debe significar un elemento de inclusión y no de exclusión, impulsar acciones a través de un programa de lenguas vivas, pues miles de indígenas oaxaqueños viven en sus ocho regiones geoeconómicas: Istmo, Mixteca, Sierra Sur, Costa, Sierra Norte, Valles Centrales, Tuxtepec o Papaloapam y Cañada. Las que tienen el mayor número de hablantes son zapoteco, mixteco, mazateco y mixe. Completan la lista: muzgos, chatino, chinanteco, chocho, chontal, cuicateco, huave, ixcateco, náhuatl, popoloca, triqui, y zoque.
Alimentos sanos
Debido a que una de cada diez personas en el mundo enferma y mueren tras comer alimentos contaminados por bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas, urge garantizar alimentos inocuos. La inocuidad de los alimentos contribuye a la seguridad alimentaria, la salud de la población, la prosperidad económica, la agricultura, el acceso a los mercados, el turismo y al desarrollo sostenible.
Ante los elevados índices de contaminación, es necesario buscar garantizar alimentos inocuos para los oaxaqueños y generar información que contribuya a la disminución de riesgos de introducción de plagas y enfermedades. De ahí la trascendencia de contar con unidades de Inteligencia Sanitaria en el Estado para intercambiar información de manera oportuna para el mantenimiento y mejoramiento de los estatus sanitarios.
Lo anterior en beneficio de los productores agrícolas, pecuarios, acuícolas y pesqueros para que garanticen alimentos de calidad a los consumidores, como para dar continuidad a la conformación de una red nacional de inteligencia sanitaria. Sin duda, se trata de una problemática que involucra a toda la población, porque tiene que ver con toda la cadena de alimentación, desde el productor hasta el consumidor, y cualquier descuido o falla que se presente en el camino termina ocasionando un serio problema de salud.
Se necesita lograr la identificación geográfica, estadística y análisis geoespacial de unidades de producción y procesamiento agroalimentario, la identificación de eventos agropecuarios de riesgo sanitario; movilización de productos agroalimentarios de los diferentes sectores; así como seguimiento a emergencias sanitarias, ambientales y antropogénicas.
Las enfermedades transmitidas por los alimentos son causadas por bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas que se introducen en el cuerpo a través de alimentos o agua contaminados. La mejora de las prácticas de higiene en los sectores alimentario y agrícola ayuda a reducir la aparición y propagación de la resistencia a los antimicrobianos a lo largo de la cadena alimentaria y en el medio ambiente.


































