La pobreza tiene repercusiones importantes en la salud, el aprendizaje y la productividad de las niñas, niños y adolescentes. Afecta a las personas de manera distinta según el grupo de edad, género, pertenencia étnica, religiosa o ubicación. Los niños, en particular, son uno de los grupos más vulnerables a la condición de pobreza debido a su dependencia física, emocional, económica y social, así como también a la falta de autonomía de las familias y de las instituciones.
Si no se rompe, el ciclo de la pobreza se reproduce generación tras generación. Es necesario mejorar los sistemas de recolección de datos para asegurar que los niños y niñas más vulnerables (en situación de calle o en comunidades de difícil acceso) estén incluidos en estas mediciones, además de garantizar que existan indicadores para medir los progresos en la disminución de la pobreza infantil.
Tanto la pobreza como la exclusión que enfrentan los niños y adolescentes en Oaxaca en ocasiones agudiza la negación en el ejercicio de sus derechos que pueden llegar a experimentar en situaciones de alta vulnerabilidad, tales como carencias en el ejercicio de su derecho a la identidad; separación de sus familias asociada con las dinámicas migratorias internas e internacionales que ocurren en el estado.
Así́ como la posibilidad de que sean víctimas de violencia o explotación económica o bien el hecho de tener alguna discapacidad o estar privados de su libertad por haber incurrido en algún delito.
La vivencia de la pobreza en la infancia en sus múltiples dimensiones – malnutrición, dificultades de acceso a educación, enfermedades relacionadas a la no existencia de servicios públicos de salud o a falta de saneamiento básico, etc.- perjudica la formación física y mental de los niños, convirtiéndolos en adultos que perpetúan el ciclo de la pobreza.
Infantes sin instrucción se convierten en padres incapaces de alimentar óptimamente a sus hijos o apoyarlos en el proceso de aprendizaje, y así la pobreza se prolonga entre las generaciones.
Siguen feminicidios
Si bien los homicidios de hombres y los homicidios de mujeres (no feminicidios) mostraban patrones casi idénticos, con siete de cada 10 muertes por un arma de fuego, actualmente los feminicidios repuntan con el uso de ellas. Anteriormente alrededor de una cuarta parte de las víctimas de feminicidio eran asesinadas con armas blancas, mientras que la mayor parte, fueron asesinadas por “otros medios”.
El feminicidio se define como la privación delictiva de la vida de una víctima femenina por razones de género. El asesinato de una mujer o niña se considera basado en el género y se incluye en las estadísticas de feminicidio cuando se cumple a menos uno de siete criterios, incluyendo la evidencia de violencia sexual antes de la muerte de la víctima; una relación sentimental, afectiva o de confianza con el agresor; o el cuerpo de la víctima que se muestra en público.
El tema de los feminicidios en México ha sido una preocupación creciente en los últimos años, con aumentos alarmantes en el número de casos reportados, mientras que en nuestro estado organizaciones feministas alertan que los feminicidios perpetuados con armas de fuego son la principal forma en la que asesinan a las mujeres en la entidad.
Alarma que no exista regulación en esta materia, de dónde vienen las armas, dónde está el registro de quienes las portan, además de plantear investigar el crecimiento del uso de armas de fuego en la entidad, ya que las mujeres son víctimas de feminicidio en cualquier momento de la vida y no se está garantizado el derecho a una vida digna y libre de violencia.
Los principales lugares donde se cometen asesinatos tanto de hombres como mujeres son las calles o carreteras y las viviendas. Pero cuando se habla sólo de crímenes contra mujeres, la mayoría de los ataques son en casa.



































