No es un secreto que, en Oaxaca, como en todo el país, el sector de médicos, enfermeras (as), camilleros, cocineros, administrativos, laboratoristas, afanadores (as) y personal de limpieza, entre otros, que están en la primera línea en contra de la pandemia de coronavirus o Covid-19, ha sido un segmento muy vulnerable a los contagios y decesos. A fines de mayo se contabilizaban en la entidad, 260 contagiados y el lunes primero de junio, la cifra rebasó los 350 casos. El sábado pasado, según lo publicamos en nuestras páginas, la cifra se elevó a 401 casos. Y ha ido creciendo. Con justa razón veíamos las protestas de médicos y enfermeras, exigiendo a sus instituciones, equipos y elementos para su propia protección. Lo vimos en los hospitales del Sector Salud, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). Todos (as), con una petición: cubre-bocas, mascarillas, uniformes, etc., para poder desempeñar su trabajo. Dimos cuenta, asimismo, de la protesta de los médicos y enfermeras del Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca (HRAEO), cuando exigieron prestarles atención por la proliferación de contagios.
Sus protestas pues, nunca han sido fortuitas. La falta de atención de las mismas autoridades sanitarias es lo que ha creado este escenario preocupante. Se habla de personal de dirección omiso ante las demandas del personal sanitario. Dicha acción es calificada por los organismos de derechos humanos como “omisión criminal”, habida cuenta de que la emergencia sanitaria que hemos vivido es altamente letal. Es decir, es exponer a un contagio y muerte segura a aquellos que han estado en primera línea en la lucha contra la pandemia. Se sabe, asimismo, que directivos de algunos nosocomios dieron positivo y que no obstante la situación, los directivos a nivel nacional han desoído las peticiones y súplicas, como es el caso del ISSSTE.
Esperamos que una vez que pase la tormenta –porque algún día tiene que pasar- haya una rendición de cuentas puntual para deslindar responsabilidades en torno al daño que, por omisión, ha padecido el personal médico. Por fortuna, la sociedad parece haber entendido que dicho sector merece respeto y consideración por el trabajo que han realizado. Sólo mentes obtusas e ignorantes los han señalado como portadores del mal y hasta los han agredido. En Oaxaca se han presentado sólo casos esporádicos. Esperemos que no haya más de estos eventos desafortunados y detestables.
Relajamiento: Un riesgo
Hace unos días trascendió que en Puerto Escondido se había autorizado la apertura de algunas playas, si bien con algunas restricciones, el caso es que ya las personas pueden al menos hacer ejercicio y retirarse. También se supo que en Mazunte, los vecinos de dicha comunidad, con el argumento de que las autoridades de Santa María Tonameca, no les habían apoyado, decidieron abrir los retenes que habían impuesto para dejar paso libre a turistas y visitantes locales que quisieran entrar a sus sitios de recreo y esparcimiento. En sentido contrario, algunas comunidades como Santiago Laollaga, en donde existe un balneario natural muy visitado, sus autoridades acordaron hacer más severos los filtros y no permitir que nadie entre sin ser revisado o monitoreado de no ser portador del coronavirus o Covid-19. Hay pues dos visiones encontradas respecto a la gravedad del problema sanitario.
Los argumentos a favor o en contra pueden ser muchos. Uno de ellos es que los prestadores de servicios turísticos, de los primeros sitios, están realmente desesperados pues a más de dos meses de haber entrado la contingencia, no ven aún la salida del túnel, lo cual es justo y comprensible. Aquellas comunidades que han decidido mantener sus restricciones también tienen razón. Han visto la tragedia que ha traído consigo el relajamiento en las medidas de prevención y no quieren verse en el espejo de la capital oaxaqueña o de algunos municipios conurbados como Santa Cruz Xoxocotlán o Santa Lucía del Camino; Santa María Atzompa o la Villa de Zaachila, que han sido calificados como los de mayor contagio en esta fase crítica de la pandemia. Porque hay una realidad que no se puede rebatir y es el crecimiento preocupante del mal.
Lo cierto es que el gobierno ha tenido que tomar medidas más enérgicas para evitar que sigamos estando como uno de los estados de mayor contagio en el país. Y es justamente lo que debería haberse hecho desde hace algunas semanas. Lamentablemente, gracias a la ideología recalcitrante que prevalece en grupos y organizaciones sociales en Oaxaca, de llevar siempre “la contra” o cuestionar toda medida gubernamental, el decreto emitido por el ejecutivo estatal al inicio de la Fase 2, fue objeto de un amparo por parte de un Juez de Distrito. A partir de ahí, se dio un relajamiento brutal de las medidas de prevención. La ciudadanía volvió a las calles y la pandemia se disparó en contagios y muertes.


































