Hoy inicia formalmente el quinto año de gobierno de Alejandro Murat. Hay que recordar que fue un primero de diciembre de 2016, cuando tomó posesión como ejecutivo estatal, en una ceremonia privada realizada en el Auditorio de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión (CORTV), ante el asedio y la amenaza de las tribus del magisterio de boicotear el acto protocolario a llevarse a cabo en el edificio legislativo de San Raymundo Jalpan. La llamada curva de aprendizaje para el novel gobernador no fue sencilla. El primer revés fue haber recibido un erario público desfondado y saqueado por la administración anterior. Los oaxaqueños padecen una terrible descapitalización. Las huellas del saqueo minaron por completo el sector salud, cuestión que se reflejó en la falta de medicinas y los constantes amagos del personal sindicalizado. El segundo revés fueron los golpes de la naturaleza: sequías, inundaciones y sismos.
Habrían de venir más golpes y siniestros, ante un gobierno federal, entonces encabezado por Enrique Peña Nieto, que siguió viendo a los oaxaqueños como mexicanos de segunda. Ante la amenaza permanente del magisterio afiliado a la Sección 22, sólo se apersonó durante la tragedia que trajo consigo el sismo de 8.1 grados que devastó la región del Istmo de Tehuantepec, pero ninguna gira de trabajo fue para inaugurar obras o poner la primera piedra. De las promesas de campaña que Murat Hinojosa cifró en la confianza del ejecutivo federal, ninguna se hizo realidad. La Federación siguió teniendo con nosotros una deuda.
La nueva etapa de coordinación que el gobierno estatal inició con el régimen de Andrés Manuel López Obrador, que hoy inicia, asimismo, su tercer año de gobierno, ha traído confianza a los oaxaqueños. No obstante, la crítica que hemos hecho sobre el desarrollo y las expectativas del llamado gobierno de la Cuarta Transformación, al menos ha permitido dejar entrever una luz de esperanza de que las obras carreteras a la Costa y al Istmo, sean una realidad. El camino recorrido por la administración de Murat Hinojosa, durante estos cuatro años, ciertamente no ha sido el mejor. El tiempo apremia y con el inicio del declive, como se interpreta este quinto año en el sistema político mexicano, esperamos que tenga la oportunidad de llevar a cabo, con el apoyo de la Federación, las obras que han sido el anhelo de los oaxaqueños.
Abandono citadino
No han sido pocas las protestas que se han dado en el área conurbada de la capital oaxaqueña de parte de vecinos de colonias y agencias, para denunciar el abandono de parte del gobierno de Oswaldo García Jarquín, edil de la capital. En San Martín Mexicapan, por ejemplo, la inseguridad y falta de vigilancia han hecho un boquete en la confianza ciudadana. Bandas de cholos y malvivientes asuelan las calles, dejando un lastre de abandono y muerte. La semana pasada un joven ingeniero, recién egresado de la carrera en el Instituto Tecnológico de los Valles Centrales, fue asesinado a golpes sin motivo alguno. Los asaltos a negocios, transeúntes y casas habitación están a la orden del día. Ya es común que se difundan en las redes sociales videos de los ilícitos, como el asalto a los tripulantes de una camioneta, pistola en mano, en la zona residencial de San Felipe del Agua, entre muchos otros ilícitos.
El gobierno local se queja de falta de recursos. Ésta fue la razón por la que la administración de García Jarquín pretendía deshacerse de un terreno ubicado en la zona conocida como “Lomas del Crestón”. Sin embargo, los manejos oscuros de los magros recursos están siguiendo los lugares comunes de administraciones marcadas por la corrupción. En este diario hemos publicado reportajes bien documentados sobre las obras y adquisiciones otorgadas a empresas fantasmas o que emiten facturas falsas, ésas que presumiblemente están en la mira de las autoridades hacendarias. Pero tal parece que ni la denuncia pública ni la pésima conducción del gobierno de la capital ha permitido rectificar. Para vecinos de colonias y asentamientos populares que fueron convencidos del “cambio” que anunció en campaña el edil, esta situación ha sido decepcionante.
Por el lado que quiera verse, la capital oaxaqueña y su área conurbada exhibe las muestras de abandono y desinterés. Un Centro Histórico copado de comerciantes ambulantes; calles y avenidas intervenidas para tapar baches, llenas de chipotes y trabajos mal hechos; colonias populares sin servicios y vecinos que reclaman, pero sus quejas no se escuchan. No hay un programa de atención a la demanda popular, de escuchar los reclamos de quienes habitan esta capital. Todo se ha reducido a un burocratismo infame y la soberbia del poder municipal. La inseguridad, como ya hemos dicho, sigue dejando su huella indeleble en las familias que han sido víctimas de la delincuencia, sin que se sepa de acciones para acotarla.
































