No cabe duda que “en la tierra de los ciegos, el tuerto es el rey”, este dicho popular viene a colación por el sensacionalismo mediático que causó la aprobación de la reforma a la Ley de las Niñas, Niños y Adolescentes, que prohíbe la distribución, venta, regalo y suministro de bebidas azucaradas y alimentos envasados de alto contenido calórico a menores de edad, o sea, productos chatarra (dulces, refrescos y demás golosinas), que tanto disfruta la niñez y que dicen, propicia males endémicos como son: sobrepeso u obesidad, diabetes, hipertensión, etc. Que nos condena a ser un pueblo enfermo desde la infancia; y se piensa que con un refresco y unas Sabritas, se mata el hambre de una niñez desnutrida que siempre raya en la obesidad.
La pobreza extrema lleva a miles de personas a padecer desnutrición, donde las niñas y los niños ni siquiera tienen acceso al agua potable, no se diga de la salud… ni los servicios básicos que garanticen una vida digna, lejos de estos terribles males que acechan a la población.
Resulta inútil y alejado de la realidad, que legisladores a estas alturas aprueben leyes contra alimentos chatarra, y no se aboquen a legislar para garantizar la alimentación y la salud del pueblo. Antes que legislar hay que conocer el hambre y la salud de un pueblo que está carente de todo y harto de la demagogia de sus gobernantes, que lejos de llenar con alimentos sus estómagos repletos de lombrices, los llenan de mentiras y falsas promesas. No basta con emitir una ley “antisabritas”, sino que hay que actuar.


































