En efecto. No todo es derecho. Hay aspectos de nuestras vidas que son ajenos a él.
Pero si les soy sincero, al escribir estas líneas me fue difícil encontrar algo, además de los sentimientos, que escape a esta materia. Pensaba en objetos inanimados, pero son bienes regulados por el derecho. Pensé en las relaciones interpersonales, sin embargo, muchas de ellas -hasta las más íntimas- tienen consecuencias de derecho. Incluso se me vino a la mente todo aquello que es intangible, sin embargo, la propia naturaleza humana es la que da origen a los derechos fundamentales.
En julio pasado, en el marco del Día del Abogado, escribí en estas líneas sobre la importancia de ver al derecho como algo cotidiano para entender su importancia. Y es que eso es: una disciplina cotidiana que regula lo cotidiano.
Sin embargo, si bien hay ciertos aspectos de la vida humana que pueden escapar del campo de lo jurídico del todo o en parte, hay uno en específico que no solamente no puede rehuir del derecho, sino que no se puede entender sin él: la vida pública de todo país. Y es que el derecho no es solo el conjunto de normas y principios que dan cohesión y regulan la vida social, sino que es incluso la aspiración de toda sociedad: vivir en un Estado de derecho en el cual se respeten las libertades fundamentales.
Por eso me parece preocupante que quienes forman parte de la vida pública del país y, peor aún, quienes la encabezan, tengan una constante repulsión por lo jurídico.
Debemos entender, sociedad y gobierno, que casi todo -por no atreverme a generalizar y decir que todo- tiene una base jurídica. Tan es así que sin el derecho no tendríamos los mecanismos necesarios para salvaguardar los valores y derechos fundamentales de toda sociedad: la dignidad, la vida, el patrimonio y la libertad, entre muchos otros. Pero el derecho es también la base del sistema político en el que los derechos humanos marcan la pauta de lo público: la democracia.
Luego entonces, quienes son elegidos democráticamente tienen una mayor obligación no solo de respetar sino de hacer valer el derecho.
Es cierto que la historia de la humanidad nos ha enseñado que no todo lo legal es justo, y que no todo lo justo es legal, sin embargo, para que todo lo justo pueda ser legal -perdonen la redundancia- necesitamos indefectiblemente del derecho.
Por eso es lamentable que algunos de los servidores públicos de México sean los primeros en demostrar un desdén por lo jurídico. Y aquí haré un comentario un tanto políticamente incorrecto pero necesario de recordar: lo popular no siempre es correcto, ni las mayorías tienen siempre la razón, por lo que el poder de las mayorías debe ejercerse siempre en pleno respeto a los derechos de las minorías.
Sé que los abogados no somos precisamente populares y la culpa de ello la tenemos nosotros mismos, sin embargo, las decisiones públicas del país que se toman con base en el derecho e incluso muchas veces en perjuicio de él, nos incumben a todos.
Lean, analicen y cuestionen. Informémonos sobre el acontecer jurídico del país.
En efecto, no todo es derecho. Pero, cuando menos, lo público y lo político sí lo son.
*Licenciado en Derecho por la IBERO CDMX.
Twitter: AndresASil
Facebook page: AndresAS22
Instagram: andresalcantarasilva



































