Dirigentes empresariales oaxaqueños han reconocido que en el pasado puente largo del “Día de Muertos”, sus negocios tuvieron un leve respiro. Restaurantes y hoteles tuvieron una ocupación máxima de 40%, en virtud de las restricciones sanitarias. Se dice que todos cumplieron puntualmente con las medidas de prevención, como sana distancia, uso de cubrebocas y gel antibacterial, entre otros. Sin embargo, también admiten que hubo medidas que no les favorecieron como es la aplicación de la “Ley Seca”. Como comentamos el pasado martes, la movilidad se disparó en la capital oaxaqueña, previendo las autoridades sanitarias un posible repunte. Los panteones estuvieron cerrados, es cierto y se suspendieron las comparsas y demás, pero hubo lugares en donde la ciudadanía hizo patente aquello de que vale más la tradición que cualquier medida prohibitiva.
Pese al pequeño respiro comercial, la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados (Canirac), mostró su preocupación por las semanas que vienen, es decir, si bien hubo un promedio de afluencia a los restaurantes, todo el mes de noviembre y diciembre, prácticamente no hay turismo, salvo los clientes locales. Ello implica que, de nueva cuenta, la crisis de dichos negocios no termina. Por parte de la industria hotelera, la cosa no está mejor. El promedio de ocupación que tuvieron en la temporada pasada, no se compara con la que han tenido en años anteriores. Apenas les alcanza a los propietarios para pagar la nómina, los insumos y servicios. En otras circunstancias tal vez se tendría el apoyo de la Federación, pero ya se sabe, las prioridades son otras, por lo que la industria turística ha pasado al último término. Es decir, si nunca fue prioridad, ahora lo es menos.
Teniendo como telón de fondo lo anterior, el ayuntamiento de la capital ha anunciado que, en virtud de que los contagios y decesos por Covid-19 no ceden en la entidad, están analizando la posibilidad de disponer cierres de negocios considerados no elementales, como son, justamente, los restaurantes, bares y hoteles, entre otros. Estamos ciertos de que sólo la buena voluntad, la fortaleza y la disposición de cada empresario ligados al ramo turístico, podrá sacar adelante a la industria sin chimeneas y quienes dependen de ella. La situación como ya hemos dicho en espacios anteriores se anticipa compleja. Es decir, esperemos tiempos difíciles. La vida post-pandemia habrá de requerir de muchos sacrificios.
Congreso: Fracturado y oneroso
Como ciudadanos, muchos nos preguntamos: en verdad, ¿qué hacen de relevancia o valía nuestros diputados (as) locales, que al menos para los oaxaqueños resultan una especie demasiado onerosa e improductiva? Desde el inicio de su gestión, al Congreso del Estado le fue asignado un presupuesto realmente fuera de la realidad de pobreza que vive Oaxaca: más de 400 millones de pesos que, con diversas ampliaciones se convirtieron en cerca de 900, sólo para el ejercicio 2019. Sin embargo, con aquello de que son el Poder Legislativo, que no rinde cuentas y se asume el que manda como legítimo representante de la voluntad popular, piden y piden más recursos, pues los que se autorizan a sí mismos, al final de la jornada no les alcanzan.
Lo que es motivo de crítica es que mientras en diversas áreas del poder ejecutivo se han recortado los presupuestos y el mismo gobernador Alejandro Murat ha mencionado la posibilidad de desaparecer algunas áreas con el propósito de hacer economías y paliar los efectos negativos de la pandemia de Covid-19, en el edificio legislativo de San Raymundo Jalpan van al revés. Resulta que de los 418 millones 696 mil pesos que les fueron autorizados para el ejercicio 2020, están quejándose de que tienen pasivos por más de 40 millones de pesos, por lo que solicitaron una ampliación de 217 millones de pesos, que les ha ido entregando la Secretaría de Finanzas. Para justificar dicha ampliación presupuestaria han puesto uno y mil argumentos. Lo cierto es que, detrás de toda esta faramalla de justificaciones están las ambiciones electorales de quienes hoy tienen la sartén por el mango.
La bancada mayoritaria perteneciente al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), está fracturada en dos segmentos irreconciliables entre sí. El Grupo de los 16 y el Grupo de los 10. El primero sigue al pie de la letra las consignas y solapa las presiones –sobre todo económicas- del senador Salomón Jara, quien mantiene copados los puestos administrativos en el Congreso local. A todo ello hay que sumarle la poca productividad legislativa. Ambos grupos se la han pasado, desde el inicio de su gestión, en un ajuste de cuentas permanente; entre división y confrontación. La famosa austeridad republicana de plano no pasa por esta lamentable representación popular. Es paradójico que la mayoría haya tenido el respaldo del voto popular, sin haber respondido hasta hoy a la confianza ciudadana.



































