Los demócratas Joe Biden y Kamala Harris lograron derrotar a Donald Trump y con ello sacar al populismo, la demagogia y la tiranía de la Casa Blanca.
Después de días de incertidumbre y en el marco de la elección más grande de la historia estadounidense, ayer 7 de noviembre Joe Biden fue declarado virtual presidente electo de los Estados Unidos de América para el periodo 2021-2025. Se prevé que el ex vicepresidente en tiempos de Barack Obama alcance hasta 306 votos en el Colegio Electoral y rebase la línea de los 75 millones de votos populares.
No soy internacionalista ni economista para opinar sobre las consecuencias que la victoria demócrata tendrá en la relación bilateral con nuestro país, sin embargo, sí me atrevo a opinar sobre las implicaciones políticas de la derrota de Trump.
En los últimos años una ultraderecha recalcitrante se encumbró en el mundo utilizando el populismo y la demagogia como salvoconducto para ello, específicamente en países como Brasil, Estados Unidos y México. Con esta corriente, personas autoritarias con tintes de tiranos accedieron al poder en algunos de los países más importantes del mundo. Bolsonaro, Trump y López Obrador tienen varias características en común, pero yo destaco dos: son mandatarios que anteponen sus intereses personales al interés común y no son partidarios de la democracia
Sin embargo, hoy Estados Unidos nos da una gran lección. Sí se puede vencer al populismo, y el cauce para ello es, precisamente la democracia. Hoy los estadounidenses nos enseñan que, a pesar de que desde la silla presidencial se promueva el encono social y se ataque a las instituciones, las y los ciudadanos pueden retomar el rumbo de su país y darle la espalda a aquellos que representan un riesgo para los valores democráticos.
Tanto en Estados unidos como en México hay quienes apoyaban -y todavía apoyan pues a la usanza de la 4T no aceptan el triunfo de Biden- la reelección de Trump con argumentos principalmente económicos, pero a costa de qué. ¿De un presidente racista y autoritario? Por intentar resolver un mal menor se puede ocasionar un mal mucho mayor. Y eso es precisamente lo que representa el populismo, el gran perdedor de esta jornada. Para mí, el bien mayor es y siempre será la democracia.
También hay quienes cuestionan que a pesar de no ser estadounidenses a muchos nos alegre la victoria de Biden. Y claro que nos emociona.
Da un enorme gusto que, a pesar de no haber sido una victoria tan grande como nos hubiera gustado y que haya todavía un gran sector que pugne por la división, las y los estadounidenses hayan dado la espalda a la tiranía y que la democracia haya triunfado por encima del miedo, el populismo y la demagogia.
Y da más gusto aún pensar que este puede ser el principio del fin de los gobiernos de esa calaña, de gobiernos como el de ya saben quién.
En Estados Unidos la democracia triunfó, pero el fracaso de Trump traspasa fronteras, pues es la primera gran derrota del populismo que en últimos años ha hecho tanto daño al mundo.
Y por eso la derrota de Trump preocupa y molesta a un gran sector de la 4T, porque saben que aun con las salvedades de cada país, reitero, puede representar el inicio de la debacle de aquellos gobiernos que, elegidos democráticamente, en el poder han demostrado ser poco o nada demócratas.
Espero que esa euforia que hoy se vive en Estados Unidos la podamos vivir y celebrar en 2021 y 2024 en México.
*Licenciado en Derecho por la IBERO CDMX.
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