QUIZÁ EL MAYOR misterio de la vida sea “su inseparable y fiel compañera”: la muerte.
ESTAMOS en el Día de Muertos y vale la pena reflexionar sobre eso que tanto celebramos, porque, en el fondo, anhelamos que después de la muerte siga existiendo vida, aunque nuestra tradición marca un aferramiento a la vida material —creemos y queremos que nuestros muertos vuelvan un instante a probar placeres terrenales en los altares—; la vida, a posteriori a la muerte, sería más bien espiritual.
SOBRE LA MUERTE recordemos, por ejemplo, a uno de los filósofos más importantes de la historia humana: PLATÓN (aproximadamente 424 o 423-348 o 347 a.C.), bajo una perspectiva dualista —el dualismo sería un sistema que funciona con dos elementos que no se pueden fusionar, que “no se pueden sintetizar”— refería, que somos almas encerradas en cuerpos que “conviven en conflicto permanente; conflicto entre dos universos; uno “sensible (donde conocemos las cosas a través de nuestros sentidos, que no siempre tiene la misma apreciación); el otro, inteligible (donde el conocimiento de las cosas, el entendimiento de éstas, nace a partir de las ideas)”.
PARA PLATÓN, los sentidos con los que percibimos nos dan distintas apreciaciones (no todos tenemos los mismos gustos, no a todos nos gusta el mismo perfume, por ejemplo), a diferencia de lo que sucede con las ideas, que son perfectas e inmutables (si pensamos en un círculo, la idea que construya nuestra mente será la misma en su forma). Según el filósofo griego que nos ocupa, en este mundo inteligible viven las almas puras (de los muertos), en un cielo ya liberadas del drama de vivir atrapadas en un cuerpo que no tiene uniformidad de percepción.
EN FIN, nadie sabe la verdad, pero, si todo terminara en esta vida ¿No sería algo sumamente fácil, hacer todo el mal o todo el bien posible y, después, simplemente al morir nuestro cuerpo, nuestra existencia se vuelva nada; se borre, nos volvamos, como dice la canción, polvo en el viento? Una vida que termina totalmente en la tierra ¿No le resta total sentido, incluso?
Víctor Hugo, en Los Miserables, decía que a los vivos se nos muestra el infinito; a los muertos, lo definitivo. Sólo podremos comprobar lo que muchos creemos; que la vida no termina en esta tierra, hasta después de morir.
Mientras tanto, de nuestros muertos evoquemos los buenos momentos compartidos.
Gracias a mis estimados lectores; les deseo unos felices días de asueto, que sean de reflexión sobre la vida y la muerte.
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