Desde hace al menos dos décadas, ya no es novedad que la celebración de la máxima y socorrida fiesta folklórica de los oaxaqueños, La Guelaguetza, se vea ensombrecida por la amenaza del boicot. Se convirtió en una especie de resorte, una estira y afloja del chantaje y de la presión, sobre todo del magisterio y de organizaciones afines. Hay que golpear al turismo y crear psicosis colectiva, para que el gobierno afloje. El boicot es inherente a su enajenación; a su fijación patológica. Uno de sus actos heroicos en 2006 fue quemar el templete del Auditorio Guelaguetza y alentar la cancelación del evento. Ha sido tal su grado de paranoia que, para opacar el evento burgués, inventaron el suyo: la Guelaguetza popular. Pero, ¡oh, paradoja! Financiada con dinero del gobierno.
Esto es, quieren pintar su raya y hacerlo un evento popular diferente, pero sólo han hecho una pésima parodia, una caricatura del evento oficial. Este año, la octava la celebrarán en Nochixtlán. No será pues una expresión genuina de nuestra riqueza étnica y mosaico cultural, sino tal vez una apología de los caídos el 19 de junio de 2016 o del obituario que ha traído consigo su eterna victimización. Pese a que el gobierno estatal les ha resuelto más del 80 por ciento de sus demandas, insisten en recurrir a los lugares comunes. Otras organizaciones, presumo que, de las expulsadas del paraíso presupuestal, también han desplegado amenazas de boicot. “Nosotros no marchamos a lo loco… lo hacemos bajo un plan”, dijo el dirigente de Antorcha Campesina.
Cuando el titular de la Secretaría de Gobierno dijo al inicio de esta administración, que no habría más recursos para mantener a tantas organizaciones que han pervivido del chantaje y la manipulación, advertimos coletazos. Sus dirigentes harán cuanto puedan para seguir pegados a la ubre. Y en tanto el gobierno siga con el discurso de respeto a la libre expresión y el sobado diálogo, y no el ejercicio simple y llano de la ley, estos falsos redentores sociales seguirán con sus bloqueos, amagos y presión. Por donde debe empezarse es por el Congreso del Estado. Ahí es donde aprueban los presupuestos anuales, en los cuales, el catálogo de membretes y organismos de presión, tiene autorizado un techo financiero. No es congruente que el ejecutivo les cierre la llave, mientras los legisladores empeñados en seguir pegados a la misma ubre, les sigan otorgando sumas millonarias a fondo perdido.
Urgen acciones civiles
No hemos estado equivocados al insistir en que el ayuntamiento de Oaxaca de Juárez ha devenido una enorme cloaca de corrupción, simulación e irresponsabilidad. La búsqueda del dinero fácil, de la componenda y del abuso de poder de parte de concejales y funcionarios, ha contribuido a hacer de nuestra capital un gigantesco tianguis; un pueblote, en donde reina la anarquía, el pitorreo por la ley y la impunidad. Una y otra vez, vecinos, comerciantes establecidos y sacerdotes, han elevado la voz para no convertir las inmediaciones de Santo Domingo de Guzmán, uno de nuestros monumentos históricos más emblemáticos, en un espacio para el comercio informal. Una y otra vez dicha voz ha topado con un muro de apatía, conveniencias y complicidades que permean en el gobierno local. Un edil omiso, incapaz de hacer valer su autoridad, ante una banda de cuatreros y corruptos, que forman la nomenclatura municipal.
Los conatos de violencia entre vecinos y dirigentes del comercio ambulante la semana pasada, son responsabilidad de las malas decisiones que ha tomado el Cabildo. Y que han instrumentado ciertas áreas del ayuntamiento de espaldas a la ciudadanía. Omisos para arreglar el tema de la basura, los baches, los semáforos descompuestos o para atender la inseguridad, pero hay una obsesión enfermiza para lucrar con los espacios públicos. Cada año en el gobierno estatal se publicita el prestigiado lugar que ocupa la capital oaxaqueña en el entorno turístico. Es uno de los destinos preferidos. Sin embargo, tal parece que hay una corriente en contra promovida en el mismo gobierno local. Hoy se entiende, el comercio en la vía pública jamás será acotado, regulado o extinguido.
Es simple: será administrado en tanto deje mejores rentas que, obviamente no aliviarán la indigencia presupuestal de que tanto se queja esta administración municipal, sino sólo para engordar los bolsillos, incluso de aquellos que en su momento dijeron tomar las armas para luchar por los pobres. En efecto, el nudo de corruptelas y complicidades se ha ubicado en la Secretaría de Gobierno municipal. El poder fáctico detrás de la autoridad establecida. Algo tiene que hacer la sociedad civil; el comercio establecido; los empresarios; los comités vecinales, porque al paso que vamos, no hay duda que el desorden, la impunidad y esos poderes fácticos, a quienes poco interesa que el municipio de Oaxaca se Juárez vaya a la cola de la nomenclatura municipal del país, habrán de convertir a nuestra antes tranquila y apacible Verde Antequera en un muladar.


































