Cuando se habla del cambio climático se abre casi automáticamente el debate entre quienes aseguran que no existe y quienes defienden las acciones para disminuir sus impactos; entre quienes aceptándolo como una realidad no accionan de ninguna forma en su vida diaria y quienes hacen de todo. Con la misma disparidad se refleja la realidad del cambio climático en las políticas publicas que desarrollan los distintos gobiernos en el mundo y sus posturas ante el tema, muchas veces las acciones anunciadas se derivan de las convenciones internacionales, pero son limitantes y hasta vacías cuando aterrizan en la cotidianidad de la población mundial.
Los organismos internacionales han hecho suya la lucha para disminuir el cambio climático; actualmente éste está incidiendo en la vida de todos los habitantes del planeta, es una realidad que se afronta cada día. Y si bien el cambio climático es parte natural de la evolución de la Tierra por el solo hecho de estar viva, este cambio es hoy día, acelerado y no responde a la evolución natural del planeta, justo por el uso y abuso de elementos que lo han ido propiciando.
El cambio climático podría empujar a seis millones de jóvenes menores de 25 años en América Latina y el Caribe a la pobreza hacia 2030, de acuerdo con un informe presentado la pasada semana por dos agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
El estudio, elaborado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), señala que actualmente la región cuenta con cerca de 94 millones de personas pobres en ese rango de edad. Sin embargo, advierte que la cifra crecerá en seis millones debido a los efectos de sequías, incendios forestales e inundaciones vinculadas al cambio climático.
Todos esos jóvenes enfrentan riesgos sin precedentes que amenazan no sólo su presente, sino también sus oportunidades futuras”, señala el informe “El impacto del cambio climático en la pobreza infantil y juvenil de América Latina”.
En el informe a que se hace referencia, se destaca que el cambio climático afecta a los jóvenes y a los niños “de manera desproporcionada”, porque son “más vulnerables” y “tienen menos capacidad para soportar y sobrevivir a condiciones climáticas extremas como inundaciones, sequías, tormentas y olas de calor”.
Si los países no implementan a tiempo medidas para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, la cifra aumentará en casi 18 millones de personas, según las agencias de la ONU. La región tiene unos 650 millones de habitantes.
El reporte recomienda a los gobiernos fortalecer servicios sociales en salud, nutrición y educación, y aumentar las inversiones para proteger infraestructuras críticas, especialmente aquellas relacionadas a la infancia. Debe destacarse que el informe presentado por la UNICEF y por la CEPAL tiene datos de 18 países.
El cambio climático se ha convertido en un factor determinante en la profundización de la pobreza en América Latina y el Caribe, una de las regiones más vulnerables del mundo a fenómenos climáticos extremos.
Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en los últimos 30 años los desastres naturales relacionados con el clima han provocado pérdidas económicas cercanas a los 2 billones de dólares en la región, afectando principalmente a comunidades rurales y jóvenes en situación de vulnerabilidad.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe ha señalado en otros informes recientes que la población joven es particularmente sensible a estos impactos porque enfrenta mayores tasas de desempleo, precariedad laboral y desigualdad de acceso a educación y salud.
En ese contexto, los desastres climáticos no sólo destruyen viviendas y medios de vida, sino que también limitan las oportunidades de desarrollo social y económico de millones de menores de 25 años.
La UNICEF, por su parte, ha advertido que los efectos del cambio climático en la infancia y juventud no se limitan a la pobreza monetaria. También incluyen el aumento de la desnutrición, la falta de acceso a agua potable y el riesgo de enfermedades relacionadas con inundaciones y olas de calor.
Estos factores, combinados, amenazan con perpetuar un ciclo intergeneracional de pobreza y exclusión si no se implementan políticas públicas urgentes que mitiguen los impactos ambientales y fortalezcan la resiliencia de las comunidades más expuestas.
El impacto económico en las generaciones de jóvenes deberá ser una alerta para los gobiernos y para las grandes empresas multinacionales, pues la pobreza y la exclusión en esa franja poblacional, provocada por el cambio climático, sí afectará en el consumo de productos perturbando directa y negativamente a las economías de mercado.


































