Estamos aún en vísperas de la Fase III de la pandemia. Si las previsiones que se han tomado a la fecha son exitosas, esperamos que el impacto no sea tan letal como lo hemos visto en Italia, España o los Estados Unidos. Por ello, ha resultado un aliciente la idea del gobernador Alejandro Murat, de habilitar espacios públicos, como el Centro Cultural y de Convenciones, ubicado en Santa Lucía del Camino, para un caso de atención de cientos de pacientes por dicho mal. Estamos convencidos –perdón por insistir- en que, de tomarse las providencias necesarias y a tiempo, podemos sortear con éxito –o con el menor costo de vidas- la contingencia sanitaria en la que ya estamos. Sin duda hay vaticinios dramáticos. Esperamos que no sea así. El gobierno estatal, más allá del apoyo de la Federación, requiere invertir todo lo que sea necesario para equipar a hospitales, médicos, enfermeras. Hoy en día, nadie piensa en obras de relumbrón o suntuarias. La salud es lo primero.
Es pues, una buena idea, la de habilitar espacios públicos como hospitales, dado que la emergencia podría rebasar la capacidad de los nosocomios que se han dispuesto y que, como ya hemos dicho, no se encuentran del todo preparados para el caso. Estamos a tiempo. En principio hay que responder a las demandas justas de directivos, médicos y enfermeras. No podemos esperar nada de ellos, si no se les provee de todo lo necesario para su protección. ¿Cómo esperar que den un buen servicio si carecen de lo más elemental para su propia protección? Ahí están los trabajadores del Hospital Civil “Aurelio Valdivieso”, en constante protesta, porque no se les proporciona lo elemental, ello aparte de la carencia de medicinas e insumo básicos.
Es importante subrayar que no sólo el CCCO es un sitio idóneo. Hay asimismo instalaciones educativas como las de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO) o del Instituto Tecnológico de Oaxaca (ITO), que pueden servir para una emergencia como la que prevé el gobierno. Sin embargo, vale la pena subrayar que de nada servirán si sólo se les tiene como salas de emergencia y cascarones, sin los elementos necesarios. Insistimos: los grandes proyectos bien se pueden ir a la basura. Hoy es la salud de los oaxaqueños (as) la prioridad. Eso no puede esperar. Se trata de un mal que es de vida o muerte. Las vacilaciones ya no tienen lugar en este escenario tan grave.
Urgente atender demandas
Si bien es cierto que ello no sólo ocurre en Oaxaca sino en varias partes del país, es impresionante la abulia gubernamental para atender las exigencias del personal médico de hospitales y centros de salud, en torno a la que se les dote del material necesario para hacer frente a la atención de pacientes probados o virtuales del COVID-19. Desde que inició la contingencia, cuestión que en su momento consignamos en este espacio editorial, personal del Hospital Civil “Aurelio Valdivieso”, incluso pararon labores para denunciar que se carecía de cubre-bocas, guantes, gel anti-bacterial, alcohol y otros insumos. Es más, en los últimos días han manifestado estar fuera prácticamente de la atención de la emergencia que nos mantiene hoy en día en casa. Dicho nosocomio, el más socorrido para la atención a personas de escasos recursos que provienen de todo el estado, sigue arrastrando grandes carencias.
Tal vez por todo ello, desde la semana pasada, según lo informaron autoridades de los Servicios de Salud en el Estado (SSO), la atención médica de urgencias, de patologías no relacionadas al nuevo coronavirus, se concentrará en dicho nosocomio, ello en función de que las fases de reconversión de los hospitales se modificarán dependiendo de cómo avance la pandemia en el territorio estatal. Con justa razón se dejó reservar al Hospital Civil para dar cobertura médica al resto de las enfermedades que se generan día a día. Y es que el resto de las patologías que afectan cotidianamente a las y los oaxaqueños, no pueden dejar de atenderse, habida cuenta de que se trata de la unidad médica con mayor capacidad resolutiva en el estado y por ello, debe mantenerse por el momento activo en las demás especialidades.
Y es que médicos y enfermeras en general, han sido en estos tiempos hasta estigmatizadas, como ya hemos comentado. No sólo no se les reconoce su trabajo, el mismo que llevan a cabo con todos los riesgos, pero con profesionalismo, sino que hasta se les ha ubicado como focos de contagio del virus que hoy mantiene al mundo en suspenso. Ya dijimos que la semana pasada corrió la noticia de que, en la población de San Ildefonso Villa Alta, por instrucciones del presidente municipal, no se permitió la salida del personal médico del Hospital Rural de dicha comunidad. Es decir, se mantuvo privados de la libertad a médicos y enfermeras, lo que constituye en términos legales, un vulgar secuestro.


































