Durante los últimos años se han detectado amenazas, abuso de autoridad, detenciones arbitrarias, imposiciones de multas, arrestos por 24 horas y la negativa de proporcionar servicios indispensables, entre otros en contra de quienes profesan una religión contraria a la católica.
La libertad religiosa es un derecho fundamental que se refiere a la opción de cada ser humano de elegir libremente su religión, de no elegir ninguna, o de no creer o validar la existencia de un Dios y ejercer dicha creencia públicamente, sin ser víctima de opresión, discriminación o intento de cambiarla a la fuerza. Es reconocida por el derecho internacional en varios documentos, como el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
Hasta hace algunos años en Oaxaca se contabilizaron 3 millones 801 mil 962 personas, de las cuales 1 millón 982 mil 954 eran mujeres y 1 millón 819 mil 008 hombres. Los que se declararon católicos representaban el 81.3 % de la población de 5 años y más; los protestantes o evangélicos, 10.6%, otras religiones 2.9% y el 4.3% declaró no tener ninguna religión.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos determina en su Artículo 24 la libertad religiosa de las personas, lo cual significa que cualquier individuo puede profesar la creencia religiosa de su elección y practicar el culto respectivo con la única limitación de no contravenir las leyes vigentes.
Por su parte, el artículo 1 prohíbe toda forma de discriminación motivada por la religión o por cualquier otra causa que afecte los derechos y libertades de los mexicanos; de allí la relevancia de conocer la situación de la diversidad religiosa que guarda el país. Los propios organismos de Derechos Humanos sostienen que el Estado mexicano tiene el deber de garantizar la libre manifestación y ejercicio de conciencia y de religión, sea de manera individual y colectiva, tanto en público como en privado.
Alimentación sana
Una alimentación saludable nos ayuda a cubrir las necesidades nutricionales que requerimos para que nuestro cuerpo funcione correctamente, ayuda a tener un buen estado de salud, a sanar o realizar procesos de recuperación, a combatir enfermedades e infecciones y a evitar enfermedades crónicas degenerativas causadas por la obesidad.
Nuestra dieta diaria debe tener una mezcla equilibrada de alimentos sólidos y líquidos y debe considerar la edad, sexo, actividades que realizamos, estado de salud, cultura, costumbres e incluso nuestros recursos económicos. Si bien, todos tenemos necesidades diferentes de nutrición, lo que es igual para todos es tener hábitos de alimentación que favorezcan nuestra salud y la de toda nuestra familia.
En México, se está experimentando una transición nutricional que implica un cambio de la dieta tradicional hacia el consumo de productos procesados y ultraprocesados. Esta transición, junto con los cambios en la forma de producir los alimentos, plantea diversos desafíos para lograr una alimentación saludable y sostenible.
Una dieta saludable debe adaptarse a las tradiciones culturales y religiosas de cada persona, además de contar con una cantidad adecuada de calorías y diferentes grupos de alimentos. Sin embargo, la transición nutricional en el país ha llevado a un aumento en el consumo de alimentos industrializados y altos en azúcares refinados, grasas saturadas y productos de origen animal.
Además, se ha observado un aumento en el precio de los alimentos con mayor valor nutricional, mientras que los alimentos con menor valor nutricional han mantenido su estabilidad. Esta brecha entre alimentos nutritivos y no nutritivos ha generado un desafío en la transición hacia una alimentación más saludable.




































