Los sistemas agroalimentarios, en su conjunto, son vulnerables a los desastres y las crisis, en particular a las repercusiones del cambio climático, pero al mismo tiempo generan contaminación, degradan el suelo, el agua y el aire, y contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero y a la pérdida de biodiversidad. Al transformar los sistemas agroalimentarios, existe un gran potencial para mitigar el cambio climático y fomentar medios de vida pacíficos, resilientes e inclusivos para todos.
Por esta razón, en el Día Mundial de la Alimentación, la convocatoria es priorizar la educación sobre los alimentos saludables y fomenten la procuración de los mismos a los que menos tienen.
Los agricultores del mundo producen alimentos suficientes para alimentar a más personas de la población mundial existente, sin embargo, el hambre persiste. Según la FAO, se estima que hasta 733 millones de personas se enfrentan al hambre debido a los conflictos, las repetidas crisis climáticas y las recesiones económicas.
Esto repercute de manera más grave en los pobres y vulnerables como los niños o adultos mayores, muchos de los cuales son hogares agrícolas, lo que refleja desigualdades cada vez mayores entre los países y dentro de ellos mismos.
La alimentación es la tercera necesidad humana más básica después del aire y el agua.
Todos deberían tener derecho a una alimentación adecuada, pues los derechos humanos tales como el derecho a la alimentación, la vida y la libertad, el trabajo y la educación están reconocidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Los alimentos representan diversidad, nutrición, asequibilidad, accesibilidad e inocuidad. Debería haber una mayor diversidad de alimentos nutritivos disponibles en nuestros campos, redes de pesca, mercados y en nuestras mesas, para beneficio de todos.
Participación política
La participación política de la mujer en México es resultado de una lucha constante de ellas mismas, para que fueran reconocidos sus derechos como ciudadanas mexicanas. De ahí el reto de promover el diseño de mecanismos que faciliten y consoliden la participación equitativa de hombres y mujeres en los procesos de toma de decisiones en los tres poderes públicos y en los tres niveles de gobierno. Acciones que permitan fortalecer el desarrollo de una cultura cívica participativa y la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en los procesos de consolidación de la vida democrática en los ámbitos familiar y escolar.
Por lo que urge promover la consolidación de un Servicio Civil de Carrera que garantice la igualdad de oportunidades e impulsar reformas legislativas en materia electoral que garanticen efectivamente el acceso y la representación equitativa de género en los cargos de elección popular.
Así como acciones de cooperación institucional que refrenden la intervención de las mujeres en las estructuras organizativas y en los procesos electorales, además de promover la sensibilización y capacitación en género en las instancias directivas y de toma de decisión de las estructuras de sindicatos, partidos, empresas, organizaciones públicas y privadas.
Además de promover la construcción de bases de datos desagregadas por sexo que permitan identificar la afiliación y la participación de las mujeres en espacios de dirección en los partidos, sindicatos, empresas, organismos sociales, privados y asociaciones cívicas y profesionales.
Aunque es largo el camino que falta por recorrer, una mayor valoración de los asuntos públicos, la creencia en las posibilidades de participación y en la efectividad de las acciones políticas, aunadas a mayores oportunidades para las mujeres y a menor desigualdad con relación a los hombres, ayudarán a que se incremente la presencia femenina en los espacios formales de la política.



































