Es difícil entender que el pronunciarse un nombre en un idioma diferente, pueda causar tantas molestias, como sucedió a las autoridades de las islas Malvinas, cuando desde Londres recibieron una comunicación en la que se usaba el nombre de Malvinas. Manifestaron que al haberlo hecho de esa manera se estaba reconociendo la autoridad de los argentinos.
Este tema lo comento, porque al terminar el partido de futbol entre Inglaterra y los argentinos, desplegaron una bandera en la que se leía la frase “Las Malvinas son argentinas”. Este hecho provocó que el gobierno británico protestara ante la Federación Internacional de Futbol por considerar que está prohibido referirse a temas políticos durante el desarrollo del campeonato.
Este territorio ubicado en el Atlántico Sur, a 500 kilómetros de las costas argentinas tiene antecedentes históricos que se ubican desde hace varios siglos.
Durante su existencia han recibido expediciones europeas de España, Inglaterra y Francia, como también de Argentina.
El primer mapa que consigna su existencia se elaboró en 1520 por Andrés de San Martín que formaba parte de la tripulación del barco de Fernando Magallanes.
En 1540, el marino español Alfonso de Camargo, estuvo varios meses en la principal isla que se llama Soledad.
El nombre inglés de Falkland se debe al comisariado del almirantazgo británico que le financió a Jhon Strong, una expedición a las islas.
Menciono islas porque si bien son dos las principales, la que ya mencionamos y la llamada Gran Malvina, existen muchas otras de menores dimensiones, por lo que puede clasificarse geográficamente como un archipiélago.
Jurídicamente la ONU las considera como un territorio no autónomo, “pendiente en la definición de su soberanía”.
En 1966, un grupo de 18 estudiantes, obreros y periodistas, desviaron un avión de Aerolíneas Argentinas para obligar al piloto a aterrizar en Puerto Stanley que es la capital y al desembarcar desplegaron banderas argentinas y repartieron impresos afirmando el dominio argentino.
En 1982 el Presidente de la junta militar argentina, el General Galtieri, invadió las islas que se encuentran en posesión de los ingleses desde 1833. Se relata que cuando comenzó el desembarco del ejército inglés en contra de los argentinos, la Primera Ministra Margaret Thatcher estaba cenando con la Reina Isabel y le pidió que le permitiera retirarse para desde su Mínisterio supervisara ese operativo.
La Reina le manifestó su anuencia, y cuando se retiró, comentó, cuando estaban bombardeando Londres y yo cenaba con el Ministro Winston Churchill, él nunca se retiró de la mesa.
En esa guerra de 1982, como piloto de un helicóptero, participó el Príncipe Andrés, hijo de la Reina. Esto le valió el reconocimiento de los ingleses por su valor y patriotismo. Años después se vio señalado por escándalos sexuales, lo que además de ocasionar su desprestigio fue obligado a renunciar a la nobleza.
Qué distinta a la cultura de otras latitudes, en donde a los presuntos delincuentes se les defiende y protege con singular vehemencia.
*Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM





























