Desde la apertura relativa del comercio el pasado 6 de julio, la realidad no ha sido lo que se esperaba. En principio, hubo decenas de negocios que no abrieron ni lo harán en breve. En segundo lugar, como lo dieron a conocer algunos dirigentes como el presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios Turísticos (Canaco-Servitur) en Oaxaca, Ernesto Gutiérrez, las ventas se desplomaron de tal manera que, aunque esté abierto el negocio, no acuden clientes, lo que representa nuevas pérdidas para los pequeños y medianos empresarios, pues además de la renta, nómina, impuestos, etc., tienen que cubrir con sus propios medios la fumigación y limpieza del lugar. En esa misma tesitura se expresó la dirigente de la Alianza de Comerciantes del Centro Histórico, Esther Merino Badiola. De los cerca de trescientos afiliados –dijo hace unos días- que tiene su organización, al menos el 10% ya no abriría sus negocios.
La situación económica pues, no es del todo halagüeña en este mes de julio que, como hemos comentado en ocasiones anteriores, era hasta el año pasado, uno de los meses más rentables para empresas de servicios al turismo y el comercio. Y de acuerdo con los pequeños y medianos empresarios, prácticamente quebrados, endeudados y en la indigencia, los apoyos ofrecidos por los gobiernos federal y estatal, de plano son insuficientes o no llegan a sus manos. Algunos legisladores locales, pertenecientes al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) han propuesto la creación de un fondo para la reactivación de la economía, sin embargo, no son pocos los comerciantes que dudan de que se trate de una propuesta genuina habida cuenta de que partidos, legisladores y actores políticos han aprovechado la necesidad y la contingencia para llevar agua a su molino político.
Es impresionante la cantidad de letreros que se ven por doquier en la capital oaxaqueña, con la leyenda “local en renta”. Ahí funcionaban pequeños restaurantes, tiendas de ropa modestas, corsetería, mercería, etc. y cuyos propietarios se han visto obligados a cerrar. Existe pues no sólo en la ciudad sino en las distintas regiones del estado, una situación de parálisis económica, ante el cierre por más de los tres meses que ha tardado el confinamiento relativo de la ciudadanía. Lamentablemente no se atisba por ningún lado que las cosas en lo que se refiere a la pandemia, hayan mejorado, sino al contrario, parece que la situación empeora.
Semáforo naranja: Riesgo mayor
El tema de la pandemia de Covid-19 y sus secuelas han sido recurrentes en este espacio editorial. Los contagios y muertes no han dado tregua a Oaxaca. Y ello tiene una explicación: por un lado, la ignorancia de aquellos que teniendo a la vista un fenómeno nunca visto, con una carga de letalidad brutal, siguen sin aplicarse las medidas sanitarias que recomiendan las autoridades y, por otro lado, la necesidad de supervivencia que, pese al riesgo de contagios, obliga a una parte importante de la población a salir de casa a ganarse el sustento diario. Desde el 6 de julio pasamos del semáforo rojo al naranja. Según las expectativas y mediciones que presuntamente realizaba el gobierno federal –de las que ya se ha desentendido- era que, se cambiaría de color, en la medida en que los contagios por el virus decrecieran. La cosa, como todos sabemos, no ha sido así. En Oaxaca cambiamos de rojo a naranja, el día en que se registraron más contagios.
Sólo en la primera semana del color referido, la pandemia se disparó, poniendo en entredicho la decisión de la Federación para ubicarnos en un sitio que no nos correspondía. Desde el fin de semana pasado, el ejecutivo estatal sostuvo que nos manteníamos en semáforo naranja, pese a tener casos tan graves con la diseminación del Covid-19 en nosocomios, como es el Hospital General “Macedonio Benítez Fuentes” de Juchitán de Zaragoza, en donde hasta el pasado lunes, se habían registrado 114 positivos, entre el mismo personal sanitario. Otro caso es el de Asunción Nochixtlán, en cuyo hospital también se dieron contagios masivos. En efecto, médicos, enfermeras, camilleros, afanadores, etc., han sido la parte más vulnerable en esta emergencia sanitaria. ¿El motivo? Han carecido de los elementos necesarios para su protección.
Es innegable que la cuestión económica ha sido un factor para el cambio de semáforo, pero lo es también, que ello representa un riesgo mayor para la población. Se deben buscar formas institucionales para evitar que el virus se disemine aún más. Los hospitales podrían colapsar, que es a donde el gobierno no quiere llegar. La Federación, como ya hemos dicho, ha manejado torpemente la pandemia. Es más, la estrategia errada recibe aplausos del presidente López Obrador. Lo grave es que ahora reparten culpas a los estados, dejando a los gobiernos estatales la responsabilidad del manejo de esta crisis.


































