Hoy se celebra a los (as) maestros (as) de México. Ha sido una de los festejos tradicionales que están arraigados en el pueblo mexicano. El maestro el guía espiritual, el que “del pueblo la conciencia forma” -decía un poema-; el que modela el intelecto humano; el que convierte en claridad la sombra. Hablar del magisterio y su histórica trayectoria, es hablar de aquellos rebeldes y come-curas que, en el Movimiento Cristero, eran desorejados por los fanáticos y sinarquistas; aquellos mentores rurales que fueron enviados a comunidades remotas a enseñarle a los indígenas el español y las primeras letras. Fueron los tiempos heroicos de un gremio en su tiempo respetado, venerado, querido por la sociedad. Era de los ejes de las comunidades indígenas, a quien se recurría para la defensa de sus derechos ante el vasallaje que le imponían los caciques y poderosos.
Sin embargo, desde los años ochenta, al menos en ciertas entidades del país, el maestro trastocó sus objetivos. De forjador de las generaciones de educandos hacia el futuro, devino activista social; pseudo-revolucionario; opositor a ultranza de todas las políticas oficiales y detractor del gobierno. Abdicó de su papel de educador, para transformarse en un activista que cambió el aula por la calle. Golpeador sí, del gobierno, pero convertido en su dependiente económico. Se asumió luchador y revolucionario con el salario seguro. Ésa ha sido en esencia la política que ha asumido la llamada Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Abatió los rescoldos del charrismo sindical; los remanentes de Vanguardia Revolucionaria, Carlos Jonguitud Barrios y Elba Esther Gordillo, pero estableció una dictadura peor; de fanatismo; de consigna e ignorancia.
Los días 15 de mayo dejaron de ser de festejo para devenir protesta callejera, bloqueos y plantones. Consignas y paros de labores; desafíos a la ley y abandono de la tarea educativa. El Centro Histórico de la capital oaxaqueña ha padecido desde los años 80s., los coletazos de su eterna protesta que en el fondo llevaba siempre el mismo objetivo: exigir prebendas y canonjías. Más dinero de la Federación y del estado. Suponemos que, por la situación en la que vivimos, no habrá hoy ni festejos ni protestas. Desde luego que no todos los maestros y maestras son iguales. Los y las hay que han llevado su apostolado, con ética y convicción. A todos (as) nuestro reconocimiento.
Construcción, el colapso
Desde el arribo del actual gobierno estatal –y lo hemos dicho en diversas ocasiones- la industria de la construcción en Oaxaca se desplomó. De aquella industria rentable, que lo fue durante décadas, hoy sólo queda el recuerdo. La crisis se empezó a ventilar desde el régimen de Gabino Cué. El tráfico de influencias y el conflicto de intereses en todo lo referente a obra pública fue de todos conocido. Durante el sexenio sólo se beneficiaron no más de diez empresas, todas foráneas. El ex titular de la Secretaría de las Infraestructuras y Ordenamiento Territorial Sustentable (Sinfra), decía a los cuatro vientos que el gobierno beneficiaba al 90% de las empresas locales de la construcción. Lo que no decía era que a ellas estaba destinado, si acaso, el 10% del presupuesto. Nada pudo revertir esta situación. Al final del sexenio y luego de protestas y más protestas, se les concedieron contratos menores a empresas afiliadas a la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC).
En la actual administración la crisis no se ha paliado ni mucho menos. Por el contrario, se ha exacerbado. No hay obras relevantes. No obstante, la posibilidad de un repunte con las obras de reconstrucción luego de los sismos de septiembre de 2017, las cosas para los empresarios de la construcción siguieron igual o peor. La corrupción, el tráfico de influencias y otros vicios, hicieron naufragar todas sus esperanzas. En la reconstrucción de escuelas hubo apertura, sin poder lograr sacar del barranco a las empresas. Así como las hubo responsables, a las que mucho tiempo después se adeudaba, las hubo asimismo que cobraron los adelantos sin concluir los trabajos. Es más, la Secretaría de la Contraloría y Transparencia Gubernamental tiene muchos expedientes al respecto y buscará, con certeza, procesos resarcitorios.
Como se perciben las cosas, no habrán de mejorar. De ser la construcción una de las industrias que mayor número de empleos directos e indirectos generaba, hoy está en una crisis brutal. El efecto dominó ha sido de pronóstico reservado. Hoy en día pueden verse en las calles cientos de trabajadores deambulando o a la espera de alguna obra particular para emplearse y poder sobrevivir. Nunca como hoy hemos visto los efectos perniciosos de la falta de obra pública en el gobierno. No hace falta ser un erudito para entender que después de esta etapa de emergencia sanitaria, las cosas no serán igual.


































