La desigualdad social que caracteriza a nuestro país ha persistido a pesar de los avances tan importantes que han experimentado los distintos indicadores sociales, económicos y demográficos, lo que obliga al gobierno mexicano a refrendar los compromisos por continuar combatiendo las condiciones que provocan desventajas para ciertos grupos poblacionales y ciertas regiones de la república.
Ante los agravios que pesan entre los oaxaqueños, urge una convocatoria para establecer mesas de trabajo que permitan lograr los consensos necesarios para la prosperidad y que se pase de la queja a la participación activa y seamos actores del cambio. Los oaxaqueños se resisten a creer que la pobreza y la marginación son condiciones insuperables en nuestro estado.
Vivir en situación de pobreza no significa exclusivamente tener bajos ingresos monetarios. Significa carecer de muchas cosas como acceso a servicios de salud, educación, privación de conocimientos y un limitado ejercicio de los derechos humanos y políticos, el deterioro ambiental en el que se vive, mala alimentación, entre otras muchas cosas.
A no dudar, los oaxaqueños comparten la visión de que nuestra entidad ofrece grandes oportunidades para todos y que es posible mejorar las condiciones de quienes viven aquí. Inobjetable son las condiciones de pobreza, marginación y rezago en ámbitos determinantes para el desarrollo de los pueblos como lo son la salud y la educación, así como la creciente inseguridad, impunidad y la corrupción que por décadas ha mantenido a nuestro estado en los últimos niveles de desarrollo del país.
Oaxaca, como otras entidades del país, requiere de más y mejores resultados, de contundencia en cada una de ellas para empezar a devolverle la seguridad que tanto exige, pues en la medida en que se recupere el principio de autoridad y se restablezca el Estado de Derecho, se podrá caminar en la ruta correcta, pues hasta ahora, tanto la impunidad como la corrupción de quienes procuran justicia, parecen ganar la carrera.
Frenar desequilibrios
En la actualidad combatir la degradación del suelo y asegurar una agricultura sustentable, más que una opción, es un tema prioritario para el país, por eso no se debe permitir que la riqueza natural se pierda en los ríos y mares, amenazando la capacidad de nuestros hijos para producir alimentos en el futuro. Los desequilibrios hidrológicos graves ponen en peligro los sistemas de producción naturales, lo cual ha ocasionado que Oaxaca tenga la mayor superficie deforestada en todo el país con 1.9 millones de hectáreas de tierra perturbadas y se calcula que al año se pierde un promedio de entre 25 y 30 mil hectáreas.
La degradación de las tierras se define como la reducción o pérdida de productividad biológica o económica de las tierras, por lo que se ha indicado que el 86 por ciento de la superficie del estado presenta algún tipo de degradación de tierras (8.07 millones de hectáreas). El cambio de uso de suelo, las actividades agropecuarias, incendios forestales, la tala clandestina y las plagas, pues la desertificación es la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, resultante de diversos factores.
Ante una limitada capacidad de las instancias estatales como federales para responder ante las exigencias del cuidado y protección del medio ambiente, así como de políticas que impulsen la cultura ambientalista, urge eficiencia y eficacia, pues no se trata de crear mayor burocracia, sino que respondan a los retos de cuidar, proteger y conservar el medio ambiente, impulsar políticas públicas que se necesitan para evitar el deterioro de nuestro entorno.
Se debe trabajar para conservar los recursos naturales que aún nos quedan y para restaurar todo lo que nos sea posible, que debe obligar como una de las metas del Gobierno de la República a recuperar la vocación forestal de aquellas hectáreas que actualmente se encuentran improductivas, ya que esto ayudará a contrarrestar la deforestación en el país.


































