Un memorándum a manera de una desiderata estaremos republicando en estos tiempos en que se piensa que, políticamente, se han descubierto las “razones de la moralidad” de ese tan viejo oficio, tanto como la misma prostitución, van de la mano. Nos alejamos un tiempo, breve, para hacer un recuento de estos casi ya cinco lustros de escribir en esta apreciada y concurrida sección dominical y depurar aquello que alguna vez pudieron parecer irónicos panfletos, para revisar, analítica y críticamente hasta que merezcan ser republicados y releídos en un solo cuerpo, un libro. En eso estamos, este artículo forma parte de ello. Estaremos, en adelante, compartiendo fragmentos de esos textos en proceso.
Primero: De la decencia… A veces vale la pena desviar la atención en nuestros temas, como en un impasse de esos que sirven para tomar un descanso relajante de la rutinaria e indetenible curso de la vida diaria. Virar hacia un horizonte fresco que recobre nuestro impulso y afines nuestros sentidos en la dirección correcta. Una nota cultural es un buen pretexto para hacer un alto, tomar aire y seguir nuestro sendero. Entre tanta verborrea disléxica electoral bien vale la pena aumentar el optimismo para alejarse de la decadencia.
“Ojalá este domingo regrese la decencia” dice el filósofo quien alguna vez ganara el premio príncipe de Asturias de Humanidades al tiempo que exclama jubiloso “Ahora más que nunca recomiendo la Filosofía a los jóvenes”. Y vaya que sí tiene razón, esa sencilla forma de ser y esperanza cotidiana de las familias y los pueblos, esa fórmula básica en el olvido debe rescatarse de entre los baúles de las microhistorias de las abuelas y los abuelos: LA DECENCIA.
Tanta falta hace que ya nuestras instituciones de papel están carcomidas por el odio y la rabia que viene según Emilio Lledó, de la ignorancia. Pero de la ignorancia de la felicidad, de la amargura de no ser auténticos, del olvido de nuestra historia inmediata, lo que equivale al olvido de nosotros mismos y nuestras circunstancias. ¿Cómo vencerlas si no sabemos de dónde procedemos, que tierra comimos, que agua bebemos?
Cuánta razón, ojalá que sí, que regrese la decencia, que haya vacunas para todo aquél que se siente con derecho de insultar y humillar a sus conciudadanos por pura arrogancia y prepotencia, signos inequívocos de estupidez. Ojalá regrese la decencia.
Segundo: De las virtudes… “Dios, dicen las Escrituras, creó al hombre a su imagen y semejanza; Erasmo de Rotterdam, cristiano fiel hasta el extremo de haberse convertido en el símbolo mismo del Humanismo, cita con fervorosa adhesión esas palabras que celebran lo que para él era el sumo valor, la dignidad del hombre, puesta al arrimo incluso de la perfección divina. Como filólogo acostumbrado a descifrar con exactitud no sólo los textos antiguos, sino también los rostros de las personas, a Erasmo no se le escapaba lo difícil que era a veces reconocer los rasgos de Jesucristo en la bestial catadura de los hombres fielmente retratados por Bruegel o El Bosco; no se le escapaba cómo tanta crueldad como el dolor, tanto el mal infligido como el sufrido por el hombre volvían precarias esas palabras bíblicas, en las que él creía. Ante los individuos bendecidos por la suerte con todas las virtudes del espíritu, de la mente y del corazón, con inclinación hacia el bien, y ante los individuos desfigurados desde el principio por la enfermedad, por la brutalidad de los sentimientos, por la monstruosidad y las inclinaciones infames, Erasmo se preguntaba cómo era posible, en esos casos, hablar de la justicia y la misericordia de Dios” (Claudio Magris, Utopía y desencanto)
Hace algunos años, escribimos algunas líneas que nos había provocado la lectura de un gran texto que sin embargo tiene el infortunio de haber sido escrito y publicado en esta época de indiferencia y banalidades, de marcado obscurantismo y de creciente deshumanización de las sociedades. Aquel texto lleva por título, “La Sociedad Decente” y su autor es Avisahit Margalit. En él se recupera la necesidad de buscar los caminos que pudieran guiarnos por senderos de convivencia y paz en el mundo de hoy; propone la importancia capital de ir a la conciencia de los individuos para comenzar una vida sobre todo pública, en la que nadie humille a nadie, en la que todos seamos dignos de un trato en la igualdad y en la libertad.
Lo que vemos, sin embargo, es que cada día nos alejamos más de ese desiderátum y nos acercamos aceleradamente a un mundo de confrontaciones, humillaciones, esclavitud, despotismo, y todo aquello que ya alguna vez provocó la ira de los pueblos y trajo consigo las cruentas luchas por la liberación de todas las formas de opresión, por lograr derechos, libertades, igualdades y sobre todo un trato digno que hiciera realidad aquél elemento cohesionador de todo sentimiento nacional, que no nacionalista: la fraternidad. Fuese en la forma que dictan las escrituras; sea en los ordenamientos jurídicos, o bien en las buenas intenciones de las Constituciones Políticas de los Estados.
Tercero: De la dignidad pública… Y si no queremos hablar, en este caso, de moral y decencia, hablemos entonces de principios democráticos fundamentales, sobre los que recae nuestra forma de gobierno, al que se llega por la vía de un proceso electoral bajo el principio de igualdad, tolerancia, libertad, mayoría y respeto a las minorías, pluralidad, consenso, disenso, en fin, que pongamos en práctica la letra casi muerta de las leyes humanas y recuperemos el status político original y seamos lo que en teoría reza la carta magna, un Estado, una República, democrática, representativa, federal y sobre todo soberana.
Pensemos que sí. Hagamos que sí. Pongamos cada uno nuestra parte, asumiendo actitud de servicio, no de serviles; seamos los ciudadanos siervos que la nación y nuestro tiempo nos demanda con urgencia casi apocalíptica. Es probable que nos despertemos de súbito y todo siga igual, entonces sabremos que es la hora de una nueva aurora. ¡Nos leemos la próxima, mientras tanto que haya paz y ojalá pronto regrese la decencia! Opiniones, críticas, menciones y mentadas a [email protected]
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