Es urgente cambiar la visión de nuestros ríos para participar en su cuidado y conservación, alentar una mayor conciencia, educación y formación sobre el valor del agua, pues no solo es una responsabilidad de cada uno de nosotros ya que debe existir una toma de conciencia sobre qué significa el vital líquido para nuestra sociedad.
De ahí que recuperar el esplendor de los ríos es una tarea muy difícil y muy costosa pero se puede empezar por hacer pequeñas intervenciones con pequeños arroyos y riachuelos, rescatarlos y sanear el agua para que de esta manera se demuestre que sí se puede hacer. Posteriormente hacer acciones más grandes para rescatar ríos completos, como el río Atoyac y el río Verde que son muy grandes y muy costosos.
La contaminación del agua y la invasión de construcciones informales en los cauces de los ríos son riesgos para la gente. En caso de no hacer algo amenazan más enfermedades, desastres y una mayor contaminación. La recuperación de los ríos puede contribuir a un desarrollo vital y sostenible y a la renovación urbana de la ciudad de Oaxaca de Juárez, ya que estos cuerpos de agua son un elemento lineal que unifica las partes de la ciudad e interactúa con funciones esenciales de la misma y se puede convertir en un elemento ecológico fundamental.
La visión de rescate incluye agua y ecología, paisaje y conciencia, cultura y turismo y desarrollo urbano y economía. Implica que se tomarían en cuenta aspectos tan diversos como la geografía, las características medio ambientales relacionadas con el río y la vida silvestre.
Los espacios públicos que incluyan el ocio, la recreación y la cultura, así como el desarrollo económico del área que contemple las oportunidades laborales y la relación con el turismo.
Sin duda en Oaxaca hay grandes posibilidades de recuperar los ríos y devolverles su identidad, frenar la presencia de aguas negras y basura, para convertirlos en verdaderos corredores de biodiversidad que ayuden a recuperar su flora nativa.
Atender campesinos
Uno de los problemas más significativos es la dependencia de México respecto a las importaciones de alimentos básicos como el maíz y el frijol. A pesar de ser uno de los principales productores de estos granos, el país no logra satisfacer la demanda interna debido a políticas públicas que favorecen a los grandes productores y desatienden a los pequeños agricultores.
Este modelo desigual ha llevado al abandono de tierras agrícolas, al éxodo rural y a la creciente vulnerabilidad alimentaria de millones de mexicanos. Las organizaciones campesinas y de productores se encuentran preocupados por la problemática actual y las alternativas de solución que se deben presentar para enfrentar con éxito esta crisis, donde los más afectados son quienes menos posibilidades tienen.
Durante décadas, el sector agrícola ha enfrentado múltiples desafíos que han limitado su capacidad para generar bienestar, empleo y desarrollo sostenible en las comunidades rurales. Entre las principales causas de esta crisis se encuentran el abandono institucional, la competencia desleal en mercados internacionales, el cambio climático y la falta de acceso a tecnología y recursos.
Por otro lado, el cambio climático ha intensificado la crisis al generar sequías prolongadas, inundaciones y fenómenos meteorológicos extremos que afectan los ciclos de cultivo. Las regiones más afectadas son aquellas donde los pequeños productores dependen de la agricultura de temporal, lo que aumenta su vulnerabilidad ante la falta de agua y recursos financieros para implementar soluciones tecnológicas.
Además, el acceso limitado al crédito, la falta de infraestructura rural y los elevados costos de insumos como fertilizantes y maquinaria son barreras que frenan el desarrollo del campo mexicano. A esto se suma la inseguridad en muchas zonas rurales, donde el crimen organizado controla territorios y extorsiona a agricultores.



































