Día a día se ahonda la crisis en el Hospital Civil “Aurelio Valdivieso” tanto por la falta de recursos como por la ausencia de respuesta del nuevo sistema IMSS-Bienestar, ahora responsable de su funcionamiento. El más grande hospital de la capital de Oaxaca ha suspendido las cirugías, la alimentación del personal y la recepción de pacientes referidos.
Si bien se acordaron medidas extremas ante la falta de insumos, material de curación, medicamentos y servicios integrales, tal situación imposibilita garantizar la continuidad en la prestación de servicios a la población usuaria. El Hospital Civil “Dr. Aurelio Valdivieso” de Oaxaca es un pilar fundamental en la atención médica para miles de familias de bajos recursos.
Su crisis amenaza con comprometer su capacidad para seguir brindando servicios esenciales y la falta de recursos económicos, equipamiento médico adecuado y personal suficiente han llevado a una situación alarmante que requiere atención inmediata.
Desde hace años, el hospital ha sido testigo del incremento en la demanda de servicios médicos. Pacientes provenientes de comunidades rurales, muchos de ellos en condiciones de pobreza extrema, acuden en busca de atención especializada que no está disponible en sus localidades. Pero el hospital lucha por atender esta creciente demanda, enfrentándose a la escasez de medicamentos, el deterioro de la infraestructura, y la insuficiencia de camas y equipos médicos básicos.
Los trabajadores de la salud también enfrentan desafíos considerables. Médicos, enfermeras y personal administrativo laboran en condiciones adversas, muchas veces con jornadas extenuantes y sin los insumos necesarios para realizar su labor de manera efectiva.
Para salvar al Hospital Civil, es crucial unir esfuerzos. Los gobiernos estatal y federal deben priorizar la inversión en salud pública.
Alza de las gasolinas
El aumento en los precios de las gasolinas tiene efectos significativos en la economía y la calidad de vida de la población, pues se refleja en el encarecimiento de bienes y servicios, impactando especialmente a las familias de menores ingresos.
Los combustibles son insumos clave para muchas actividades productivas, por lo que un aumento en su precio se refleja en un incremento generalizado de precios, conocido como “inflación por costos”. Este fenómeno reduce el poder adquisitivo de la población, especialmente de aquellos con ingresos fijos, exacerbando las desigualdades económicas.
El transporte es uno de los sectores más afectados, ya que el incremento en los precios del combustible eleva los costos operativos de vehículos particulares, transporte público y de carga. En el caso del transporte público, las tarifas suelen aumentar, afectando directamente a los usuarios. En el transporte de mercancías, el alza de costos se traduce en un incremento de precios en productos básicos, alimentos y otros bienes esenciales, generando un efecto en cadena en toda la economía.
Otro de sus efectos es que puede desincentivar la inversión y ralentizar el crecimiento económico. Las empresas enfrentan mayores costos de producción, lo que reduce su rentabilidad y, en algunos casos, las obliga a trasladar estos costos a los consumidores. En sectores altamente dependientes de los combustibles, como la agricultura y la industria, las repercusiones son aún más severas.
A nivel social, el impacto es profundo. Las familias con ingresos limitados destinan una mayor proporción de su presupuesto al transporte y los bienes afectados por el alza. Esto limita su capacidad para satisfacer otras necesidades básicas, como educación, salud y vivienda.
Ante esta situación, es esencial que los gobiernos implementen estrategias para mitigar los efectos de la carestía, como subsidios focalizados, promoción de alternativas de transporte sostenible y la diversificación de fuentes de energía.


































