En la zona metropolitana se estima que viven al menos 900 mil personas, pero existen más de 300 mil automotores, lo cual ha ocasionado que sean más frecuentes las denuncias y reclamos por la contaminación que ya alcanzó arroyos, suelos, deterioro del paisaje, y problemas de salud entre la población por el manejo inadecuado y la disposición final de los desechos sólidos.
Ante lo cual es urgente que los gobiernos estatales y locales adopten medidas para evitar las altas concentraciones de ozono, pues no se puede controlar a la naturaleza, pero sí reducir el nivel de emisión de contaminantes que provienen en un ochenta por ciento de los vehículos automotores.
Aunado a ello, se agrega el cambio de uso de suelo, pues la mayor cantidad de superficie considerada de vegetación natural primaria se pierde por agricultura en zonas boscosas, incendios forestales y el crecimiento urbano, los cuales son causa grave de pérdida de servicios ambientales.
La capital oaxaqueña, junto con 17 municipios conurbados, producen alrededor de 800 toneladas de basura por día, pero cientos de toneladas van a los arroyos y suelos o son quemados por las familias como práctica normal. Tal es el reto de enfrentar el problema de la contaminación ambiental, pues la polución que generan los vehículos de motor, la degradación de los recursos naturales, la falta de una cultura ecológica y los deficientes servicios públicos básicos empiezan a agobiar a la población.
Es indudable que Oaxaca se encuentra rezagada en materia de protección legal del medio ambiente, pues se deben actualizar los formatos y las normas, tomar decisiones con el fin de disminuir la emisión de efecto invernadero, principalmente reacciones químicas derivadas del azufre nitrógeno o bióxido de carbono, que están saturando la atmósfera.
Vincular a la academia
Sólo se podrá lograr un mayor impulso de las energías limpias en las ciudades y comunidades cuando exista una mayor vinculación de la academia con el sector empresarial, pues se ha estimado que el sector energético requerirá de 135 mil técnicos e ingenieros para su desarrollo.
Estas ciudades pueden dejar de ser un sueño si nos comprometemos con la educación en energías renovables, no sólo desde la academia, sino llevar el mensaje a la sociedad en general. El desarrollo tecnológico ha permitido que fuentes naturales sean productoras de energía, por ejemplo: plantas hidroeléctricas, puntos geotérmicos, utilizar el movimiento de los océanos -mareomotriz-, biomasa, eólica y solar.
De ahí la importancia de promover un crecimiento económico que coincida con la protección y cuidado del medio ambiente, ya que hay una gran cantidad de recursos de biomasa que se pueden aprovechar tanto para la generación eléctrica, como para la generación térmica, o bien para su aprovechamiento en otros usos como combustibles.
Por ello se deben redoblar los esfuerzos para alcanzar una transformación de carácter tecnológico, de las mentalidades y los valores, los procesos y los productos, los comportamientos y los estilos de vida.
Debido a la viabilidad de generar las llamadas “energías verdes” como empresas, es necesaria una mayor vinculación de la academia con el sector empresarial para gestionar su desarrollo y responder al déficit que tiene el estado en el acceso a este servicio.
Ha llegado el momento de buscar soluciones integrales que optimicen el uso de los recursos naturales y propicien fuentes de energía renovables y la producción de bienes y servicios que brinden bienestar a las personas. Además de establecer alianzas estratégicas con diversos sectores interesados para crear redes de investigación y producción que faciliten su comercialización y consumo.


































