Los registros de más de 200 casos a la semana de diabetes mellitus tipo 2 y de hipertensión arterial con mayor incidencia en la población femenina, obliga a redoblar las acciones en la promoción de salud, detección, tratamiento y manejo oportuno, así como del control de estas patologías.
Por jurisdicciones sanitarias, Valles Centrales encabeza en mayor incidencia de diabetes con más de 2 mil casos acumulados, seguida por la Costa, Istmo de Tehuantepec, Mixteca, Tuxtepec y Sierra. En hipertensión arterial, Valles Centrales también acumula más de 2 mil casos, con un primer lugar de mayor registro.
La causa principal de la diabetes son los malos hábitos alimenticios llenos de azúcares refinadas, grasas saturadas y sodio, le suman a esto el sedentarismo, la obesidad y el factor genético. Sin duda alguna, nuestros malos hábitos nos están llevando lentamente a sufrir una enfermedad como esta.
Desde hace varios años, la prevalencia de la diabetes ha aumentado significativamente volviéndola una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo. Aproximadamente 536 millones de personas a nivel mundial tienen diabetes y se estima que aumentará. En México, la prevalencia en 2018 fue de 16.8%, volviéndola la segunda causa de muerte y la primera de discapacidad en el país.
La prevalencia de diabetes ha aumentado gradualmente 3.9%, y de diabetes no diagnosticada disminuyó 1.3%, lo que indica que la detección de las personas con diabetes ha aumentado. Contar con datos periódicos sobre la prevalencia de diabetes en México es imprescindible para monitorear su evolución, implementar políticas y programas de prevención y control, así como para planificar eficazmente recursos de atención médica.
Si bien en los últimos años se han registrado grandes adelantos para el control de los diabéticos, entre ellos, contar con diferentes tipos de insulina, de acción rápida, más tardía o duradera, la detección y tratamiento oportuno son indispensables para su atención.
Sistema deteriorado
Conscientes de que el escenario para atender la crisis educativa en México no es nada favorable, ya que el presupuesto educativo es altamente sensible a las crisis económicas o a las dificultades de las finanzas públicas, cada vez es más urgente atender la asignación de recursos a los programas más eficaces para reducir las brechas de oportunidades de acceso y de aprendizaje.
Ante un “deterioro del sistema educativo” que se atribuye a la pobreza material e intelectual del mismo por la falta de recursos económicos, cuando la ley establece que se debe otorgar el 8,5 % del Producto Interno Bruto (PIB) anual a educación, esto no ocurre ya que se otorga aproximadamente el 3 %, como tampoco existen mayores retribuciones a aquellos docentes que trabajan con la población más humilde y en condiciones más precarias.
La educación en México enfrenta grandes retos relacionados con otros problemas estructurales de desigualdad social. La población más pobre, las comunidades rurales e indígenas y los niños en contextos hostiles son quienes se enfrentan con más barreras en el camino para ejercer efectivamente el derecho a la educación.
Las diferencias en la calidad de la educación entre las zonas urbanas y rurales, así como entre los distintos estados del país, son marcadas. Esto se refleja en las infraestructuras escolares, la disponibilidad de recursos educativos y el acceso a docentes capacitados. Las comunidades rurales y marginadas suelen tener menos acceso a instalaciones adecuadas y materiales de aprendizaje, lo que limita las oportunidades de los estudiantes para alcanzar su máximo potencial.
La educación básica —que integra preescolar, primaria y secundaria— atiende a casi 25 millones de niños y adolescentes en México, y es uno de los rubros sociales con mayor desigualdad y estancamiento. Además, el grupo de estudiantes que cursa estos primeros años de vida escolar fue el más golpeado por los confinamientos durante la pandemia Covid-19.
La disponibilidad educativa es limitada en muchas regiones, en muchos casos la educación es inaccesible, otros estudiantes enfrentan carencias económicas, no tienen alimentación de calidad, sufren de violencia familiar o se desarrollan en contextos hostiles.


































