De poco o nada ha servido denunciar públicamente las afectaciones ocasionadas por organizaciones o grupos que se resisten a perder prebendas y privilegios, como tampoco insistir en presentar una denuncia colectiva en la que se exija a todos ellos la reparación de todos los daños y perjuicios generados a todas las empresas o personas físicas con actividad empresarial. Arropados en la impunidad, siguen y actúan en franco agravio de la sociedad oaxaqueña con toma de instalaciones públicas o bloqueos de calles y carreteras.
Debido a las omisiones de las autoridades municipales, estatales y federales que violan los derechos humanos, no ha pasado nada, absolutamente nada y por eso los grupos de presión y chantaje, deambulan arropados en la impunidad y la corrupción. Es indudable que los oaxaqueños hemos sido excesivamente tolerantes con los tres órdenes de Gobierno que han permitido la impunidad, la violencia y la percepción de que en nuestro México y en especial en Oaxaca cualquiera puede violar la ley sin recibir castigo.
Ante tales agravios, una vez más se exige la cabal aplicación del Estado de Derecho para evitar que las acciones beligerantes de organizaciones sociales o grupos generen un ambiente de inquietud y confrontación. Desde hace mucho los oaxaqueños nos hemos colocado con una pésima imagen que repercute sensiblemente en los esfuerzos para recuperar la estabilidad y paz social, pues los malos ejemplos se han colocado por encima de las cosas buenas que se hacen para trascender.
Tan es así, que hoy dos o tres personas violentan los derechos de terceros al bloquear calles y carreteras, y retar a las autoridades con ilícitos como el secuestro de personas en oficinas públicas. Los derechos humanos han sido violados de forma reiterada a los oaxaqueños, el derecho a la salud y a la vida, derecho al trabajo, a la educación, a la alimentación, derecho a la propiedad y derecho al libre tránsito. Un cúmulo de agravios que sólo se podrán resarcir cuando haya la voluntad del Gobierno Federal a respaldar las acciones de la administración estatal, en especial, cuando los grupos radicales persisten en cometer actos al margen de la ley.
Pobreza
Las fallas en las políticas públicas y en la estrategia económica por parte de las autoridades, son las principales causas de que el número de pobres en México vaya en aumento. Urge un proyecto macroeconómico de mediano y largo plazos que dé confianza a las empresas para invertir y alentar un desarrollo económico sostenido que ayude a generar inversiones y más fuentes de empleo permanentes y bien remuneradas.
Reducir la pobreza de manera estadística es muy sencillo para los gobiernos a través de dar subsidios transitorios a los ingresos, pero esto no resuelve el problema estructural de los pobres y la única manera de hacerlo es generando empleos permanentes y bien remunerados, lo cual solo se logra con crecimiento mayor y estable. Hoy el principal problema que explica un mayor número de pobres es la falta de creación de empleo con ingreso adecuado porque se crece poco y eso es insuficiente para generar los empleos que se requieren.
Prácticamente todos los gobiernos en nuestro país han tenido como uno de sus principales objetivos reducir la pobreza y si bien tal objetivo es una de las necesidades más grandes de México, sin duda es también una de las promesas que atrapan al electorado, y los políticos lo saben. Por esta razón, el presupuesto público ha estado repleto de programas sociales, pues al menos desde hace 30 años se ha pensado que la reducción de pobreza tiene que ver, sobre todo, con otorgar programas sociales a la población en pobreza.
En las estrategias de combate a la pobreza a los gobiernos no se les debe olvidar que es el resultado de fallas en diversas áreas, entre ellas, un bajo o nulo crecimiento económico, en donde no crecen las opciones laborales. Altas desigualdades económicas y de oportunidades; una estructura fragmentada de la seguridad social; un país con una enorme injusticia en el cual se violan derechos humanos y sociales.
Un país así será siempre un país con pobreza. La pobreza es sobre todo un síntoma de muchas cosas que no van bien en el país. Para reducir la pobreza no basta con atacar los síntomas con programas sociales, por más que sean muchos y electoralmente efectivos.



































