El estado de Oaxaca, tradicionalmente advertido como un destino seguro, ha irrumpido en la lista de las ocho entidades que concentran más de la mitad de los homicidios dolosos en el país, desnudando una crisis estructural que los promedios nacionales no logran ocultar.
EL ESPEJISMO DE LA BAJA NACIONAL
Según los datos más recientes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), México ha logrado bajar su promedio de muertes violentas de 86.9 a 48.8 diarias entre octubre de 2024 y febrero de 2026. Esta tendencia, destacada por la administración de Claudia Sheinbaum, coloca a febrero de 2026 como el mes con menor violencia en años. Sin embargo, este alivio estadístico es desigual.
Oaxaca hoy comparte el podio de la violencia con gigantes del crimen como Guanajuato, Sinaloa, Chihuahua, Baja California, Morelos, Veracruz y Estado de México, y estos ocho estados acumulan el 54.7% de los asesinatos del país. Lo que resulta crítico es que, mientras estados del norte muestran descensos (como Guanajuato con un año de bajas sostenidas), Oaxaca mantiene una resistencia sangrienta a la pacificación.
LA SACUDIDA DEL 4 DE MARZO: OAXACA SOBRE EL NORTE
La vulnerabilidad de la estrategia de seguridad quedó expuesta de forma dramática el pasado 4 de marzo de 2026. Fuera de los rangos estadísticos mensuales, esa jornada colocó a Oaxaca como el estado más violento de la república, superando incluso a Chihuahua, Baja California y Morelos.
A pesar de que las cifras oficiales sólo reconocieron cuatro casos, el registro de los hechos documentó al menos siete ejecuciones en una sola jornada. Este desfase entre la narrativa institucional y el conteo de cadáveres en las regiones de los Valles Centrales, la Sierra Sur y la Costa, sugiere una preocupante brecha en la transparencia de los datos estatales.

GEOGRAFÍA DE LOS CRÍMENES DEL 4 DE MARZO
La violencia en la entidad no es un fenómeno aislado de las urbes; es un cáncer que se ha dispersado por todo el territorio.
Sierra Sur: En Santa María Zaniza, una emboscada terminó con la vida de un padre y su hijo, Silvestre y Daniel. El ataque, ocurrido en el paraje “El Potrero”, revive las brasas de conflictos agrarios históricos con Santiago Amoltepec que el Estado no ha podido apagar. Mientras que en Miahuatlán de Porfirio Díaz fue ejecutado el primo hermano del alcalde, lo que pone en entredicho la seguridad de quienes ostentan el poder local.
Costa: La violencia también alcanzó a la región de la Costa, donde un hombre fue asesinado a balazos en la comunidad de Nuevo Progreso, perteneciente al municipio de San Juan Colorado.
Valles Centrales: La zona cercana a la capital no fue la excepción. En Tlacolula, un joven desaparecido fue hallado maniatado, mientras que, en Etla, un mototaxista fue acribillado a plena luz del día. Por otra parte, en Ocotlán de Morelos la impunidad alcanzó niveles cínicos con el asesinato de José Benito V. P., “El Cachorro”, a escasos metros de la comandancia policial.
EL TRIÁNGULO CRÍTICO: VALLES, ISTMO Y COSTA
A pesar del optimismo del gabinete de seguridad federal, estas tres regiones son las que impiden que Oaxaca se sume a la tendencia de reducción nacional del 44%.
1. REGIÓN DE LA COSTA: VIOLENCIA EN EL PARAÍSO
Ausencia de Vigilancia
Los habitantes de la Costa han denunciado que, pese al despliegue de la Guardia Nacional, la vigilancia se concentra en los núcleos turísticos (Puerto Escondido, Huatulco), dejando a los municipios internos en total indefensión.
Ajuste de Cuentas y Control Territorial
Según el SESNSP, los homicidios en la Costa están vinculados a la “limpia” de plazas por la disputa por actividades ilícitas como el narcomenudeo y cobro de piso. Al ser una zona de desembarco y tránsito, la violencia se manifiesta en ejecuciones directas y ataques armados en plena vía pública.
Impacto Económico
A diferencia del norte del país, donde la violencia afecta la industria, en la Costa la inseguridad golpea directamente al turismo y al comercio local, sectores que no cuentan con la infraestructura de protección privada que sí existe en estados como Baja California.
2. ISTMO DE TEHUANTEPEC: EL EJE ESTRATÉGICO BAJO FUEGO
El Istmo es, para el gobierno federal, el proyecto económico más importante del sexenio. Sin embargo, las cifras de criminalidad del SESNSP revelan que es también el más violento de la entidad:
Extorsión y Cobro de Piso
Es el principal motor de homicidios. El sistema nacional reporta que evita el 88% de los delitos de extorsión, pero en ciudades como Juchitán, Matías Romero o Salina Cruz, la realidad es de comercios cerrados y ataques a transportistas. Además, se suma el narcomenudeo, tráfico de personas y huachicol.
Tránsito de Armas
Gran parte de las 24,000 armas aseguradas mencionadas por Omar García Harfuch circulan por esta zona debido a su naturaleza de corredor interoceánico.
3. VALLES CENTRALES: PODER Y SINDICALISMO
Aquí la violencia es política y social. Las ejecuciones registradas en Ocotlán, Etla y Tlacolula demuestran que la capital y sus alrededores sufren una “violencia de proximidad”:
Ataques a Figuras Públicas
El asesinato de “El Cachorro” a metros de la policía en Ocotlán subraya la impunidad geográfica: el criminal ya no teme a la autoridad municipal.
Conflicto de Transporte
El uso de armas de fuego en ataques contra mototaxistas sugiere que los grupos delictivos han infiltrado los sindicatos de transporte para financiar sus operaciones.
El hilo de narco
Si bien la violencia está ligada con asuntos políticos, sociales y del transporte, un componente que la acentúa, es el narco; que, si bien las propias autoridades estatales y federales señalan que no operan en la entidad grandes grupos criminales como el Cártel de Sinaloa o CJNG, si trabajan células locales que se disputan la distribución de enervantes, especialmente de ‘cristal’, cuyo consumo y distribución se ha disparado hasta en las comunidades menos pensadas y humildes. Dejando una horda creciente de adictos y la consecuente ola de violencia que no cesa.
EL REVERSO DE LA MEDALLA NACIONAL
La paradoja que enfrenta Oaxaca es que, mientras más se presume la baja nacional de 38 homicidios diarios, más se evidencia el abandono de las regiones del sur.
El SESNSP utiliza una métrica nacional que promedia la paz de Yucatán o Campeche con la guerra interna de Oaxaca. Para el habitante de la Costa o del Istmo, que Oaxaca haya superado a Chihuahua en homicidios el 4 de marzo no es un dato estadístico, es una amenaza de muerte cotidiana que el discurso de “abrazos y justicia” no alcanza a cubrir.
IMPUNIDAD Y ESTRATEGIA INSUFICIENTE
El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ha defendido los resultados nacionales basándose en la detención de más de 46,000 personas y el decomiso de 24,000 armas. No obstante, en las carreteras y comunidades de Oaxaca, la presencia de fuerzas federales parece ser un fantasma que no logra disuadir el gatillo.
La crítica se centra en la falta de acciones preventivas locales o si las hay, se cuestionan su ineficacia e ineficiencia. La dependencia de las fuerzas federales ha dejado vacíos que el crimen organizado y los conflictos sociales locales aprovechan. Mientras el gobierno federal presume que se evitan el 88% de las extorsiones, en Oaxaca las familias siguen enterrando a sus muertos por ataques directos que no entran en los filtros de las líneas de ayuda.
LA REALIDAD QUE NO CABE EN LA GRÁFICA
Oaxaca se encuentra en una encrucijada peligrosa. El contraste entre la “caída nacional” de la violencia y la “subida local” de la brutalidad evidencia que las estrategias generales no están funcionando para las particularidades del sur. Si la tendencia continúa, el estado corre el riesgo de dejar de ser el referente cultural de México para convertirse en el nuevo epicentro de una lucha que, según las cifras oficiales, supuestamente estamos ganando.





































