Separar y hacer composta (abono orgánico) es fácil, aunque se necesita educación ambiental, dicen los ambientalistas Gerardo Aldeco Pinelo y Arnoldo Dámaso. Pero en medio de la crisis de la basura que vive la zona conurbada del estado de Oaxaca, el gran problema es el consumo.
“La gente está consumiendo demasiado, es una cultura de comprar y deshacerse, de no tener conciencia de lo que se está comprando y creo que ese es el problema no solo de Oaxaca sino de todo el mundo y nos está llevando a una crisis brutal en cuanto a la contaminación”, apunta Dámaso.
A más de dos años de aprobarse la ley anti PET y a casi dos de su entrada en vigor, ambientalistas ven un panorama complejo para la zona conurbada de Oaxaca debido a este estilo de consumo y la inoperancia de la normativa; o su complejidad. Los activistas subrayan lo que ya se ha señalado en estudios del INEGI o la firma internacional Statista, de que México se posiciona como el mayor consumidor de agua embotellada y bebidas carbonatadas (refrescos) en el mundo.
Desde octubre de 2020, esta ley prohíbe la comercialización de botellas de PET o el uso de unicel. Pero en una ciudad donde se ha recolectado un promedio diario de 800 toneladas de residuos, la autoridad estima que el PET y otros materiales como el cartón son el 8 por ciento de lo reciclable.
“Hay que disminuir la cantidad de plásticos y de unicel que estamos consumiendo y desechando porque no hay espacio”, dice Gerardo Aldeco Pinelo, presidente del Colectivo de Organizaciones Ambientalistas de Oaxaca (COAO). Aunque Dámaso señala que es necesario que leyes como estas se cumplan, la anti PET es una “muy complicada de cumplir” en México tanto por el estilo de vida como por la presión de las industrias.
Aunque tiene de plazo el 8 de octubre para seguir usando el relleno sanitario ubicado en Zaachila, la capital oaxaqueña enfrenta varios retos como encontrar el terreno para su nuevo depósito, comprar una compactadora, maquinaria para composta y reeducar a la población. Lo último para generar menos residuos y aprender a separarlos.
Hay disposición, pero falta educación
Es la mañana de un viernes y el camión recolector pasa por una de las colonias de la ciudad de Oaxaca. Algunos vecinos llevan sus residuos mezclados, otros más en recipientes y bolsas en las que los han separado en orgánico e inorgánico. “¿Dónde la deposito?” A la pregunta los empleados del servicio de recolección le dicen: “ahí déjela (en el suelo)”.
Sin camionetas que los sigan como en las rutas emergentes de recolección de días pasados, los empleados se quedan a separar el cartón, el plástico y otros materiales reciclables. En los camiones compactadores faltan también las lonas informativas sobre la separación.
Para separar los residuos, en la ciudad de Oaxaca lo activistas perciben disposición, pero falta de orientación. Como en esto, también es necesario enseñar a hacer composta en los hogares, refieren, pues mientras se siga usando el vivero municipal este quedará rebasado por la cantidad de residuos orgánicos recolectados.
“Nosotros insistimos a los tres niveles de gobierno que tienen que enseñarle a las personas cómo separar, a través de educación ambiental”, dice Aldeco, quien para el caso de la composta en hogares ve pertinente dar estímulos fiscales para quienes lo hagan.
Por ahora, en el caso de Oaxaca de Juárez, la difusión generalizada de cómo separar los residuos se ha realizado por redes sociales, con video e infografías; o con imágenes en algunos camiones. Pero estas formas no siempre llegan a toda la población. “Tiene que ser directo”, señala Dámaso.
“Hay que disminuir la cantidad de plásticos y de unicel porque no hay espacio”, Gerardo Aldeco Pinelo, presidente de COAO.






































